viernes, 21 de febrero de 2014

Diferencias entre miedo, fobia, ansiedad y pánico en niños

MIEDO:
Es una motivación y una emoción que es normal (todos experimentamos miedo), es adaptativo (ha permitido la perpetuación de la especie) y se da ante situaciones que representan una amenaza o un peligro real. Cuando hay una cierta dosis de miedo y es controlable, incluso puede ser placentero. En los niños pasa lo mismo, ¿quién no ha jugado a asustarse?.

Los miedos en los niños forman parte del desarrollo normal, son típicos de una determinada edad y de caracter transitorio, duran un tiempo determinado y desaparecen. Están relacionados con la etapa evolutiva y no interfieren en la vida cotidiana del niño. La experiencia del miedo, cuando es dosificada, es buena para el aprendizaje de situaciones dificiles y de preparación.

Es equivalente a la ansiedad pero diferente de ésta porque la reacción es menos difusa, ya que ocurre como respuesta a un estímulo concreto (real o imaginario).

ANSIEDAD:
Es una respuesta anticipatoria de alguna amenza (externa o interna), caracterizada por sensaciones afectivas de nerviosismo, tensión, aprensión y alarma, acompañadas de manifestaciones conductuales visibles (por ejemplo: inquietud motora) y cambios fisiológicos asociados a la hiperactivación del Sistema Nervioso Autónomo (taquicardia, sudoración...).

Es vivida por el individuo con gran activación, percepción de temor... en este sentido, también tiene un componente adaptativo; pero suele ser en ocasiones más difusas y tiene un caracter anticipatorio (tanto del objeto temido como de las consecuencias).

La ansiedad es un problema o desadaptativa cuando la anticipación es ante un peligro irreal o cuando resulta paralizante (se predispone para la acción). En algunos casos puede convertirse en algo patológico.

FOBIA:
En la infancia y la adolescencia, la fobia es una forma especial de miedo intenso que no guarda proporción con el peligro real de la situación, no puede ser explicado o razonado (irracional), está fuera del control voluntario y no se puede hacer nada para controlarla, lleva a evitar la situación temida o a escapar de ella, persiste durante un período prolongado de tiempo, es desaptativo y no se asocia a una edad o etapa específica del desarrollo.

Además, en el caso específico de los niños, son miedos atípicos y, por tanto, interfieren con el comportamiento normal del niño; les resulta muy desadaptativo y emplean mucho tiempo para evitarlo. Los miedos fóbicos no suelen desaparecer solos con el tiempo y es muy recomendable que se lleve a los niños a consulta cuando los padres vean que experimentan un gran miedo y, sobre todo, si no hay explicación para ese miedo.

PÁNICO:
Consiste en una reacción súbita y aguda de miedo intenso, con síntomas fisiológicos y cognitivos (interpretación de los fisiológicos). Se supone que el niño y el adolescente temprano no poseen la madurez cognitiva necesaria para experimentar las reacciones de ataque de pánico. No obstante, hoy se conoce no solo que los niños y adolescentes también presentan ataques de pánico, sino que también algunos adultos con trastornos de pánico desarrollaron estos miedos durante la infancia o la adolescencia. 

Entre la sintomatología fisiológica podemos encontrar mareos, desmayos, pérdida de control urinario, parastesias (pérdida de sensibilidad en alguna parte del cuerpo)... Unida a la sintomatología cognitiva: pensar que se va a morir, a volverse loco, no saber donde está, no reconocer a personas u objetos que le rodean aunque sean familiares (desrealización). Todo ello favorece la generalización y la evitación.

En los niños es difícil que aparezcan, como tal, ataques de pánico, pero es relativamente frecuente en los adolescentes (9%) y sobre los 23 años. Muchas veces son transitorios, pero a veces es predictor de una posible agorafobia posterior. En adolescentes suele darse menos el componente cognitivo, lo que nos da un mejor pronóstico. Los ataques de pánico son inpredecibles.

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