viernes, 3 de enero de 2014

Riesgo de reincidencia en agresores sexuales

Desde que el pasado 21 de octubre el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo derogase la Doctrina Parot son muchos los presos que está desfilando camino a la libertad desde nuestras cárceles: terroristas de ETA, pero también violadores, pederastas y asesinos.

Hemos visto hacerlo, entre otros, a Miguel Ricart, asesino de las tres niñas de Alcàser; Pablo García Ribado, conocido como el violador del portal; Pedro Luis Gallego, violador del ascensor; Pedro Antonio Seco, el asesino de Villarrobledo; Emilio Muñoz Guadix, asesino de Anabel Segura; Arturo Abal Iglesias, condenado por seis delitos de violación a sus hijas; Juan Manuel Valentín Tejero, condenado por el rapto, violación y asesinato de la niña de 9 años Olga Sangrador durante, precisamente, un permiso penitenciario... Salen a veces a cara tapada para que no se los reconozca y cada salida nos deja incognitas abiertas ¿están rehabilitados?, ¿están preparados para la reinserción?, ¿se está protegiendo a las víctimas?, ¿hay riesgo de reincidencia de estos delincuentes?.

Dejando a un lado a los terroristas, vamos a centrarnos en uno de los temas que, quizás, está creando más alarma social: la puesta en libertad de delincuentes sexuales, de agresores con tendencias predatorias y pulsiones irrefrenables.

"Existe la creencia generalizada de que los delincuentes sexuales presentan una casi segura probabilidad de reincidencia. Sin embargo, la reincidencia de los agresores sexuales es, como grupo, baja, y se estima a nivel mundial de en torno al 20% (Lösel, 2002; Quinsey, Rice, y Harris, 1995). (El promedio general de la reincidencia de los delincuentes –no específicamente sexuales— es de alrededor del 50%). No obstante, la distribución de la reincidencia es muy heterogénea y oscila entre aquellos casos de un solo delito conocido, y, en el extremo opuesto, los agresores en serie, que cometen decenas de delitos a lo largo de sus carreras criminales". (Papeles del Psicólogo, septiembre 2007, número 3, vol 28).

La probabilidad de reincidencia de un agresor sexual va a depender de factores de riesgo como los siguientes:
- La edad (mayor cuanto más jóvenes).
- Historial delictogénico anterior (antecedentes de conducta violenta no sexual, antecedentes de delitos no violentos).
- Reincidencias o fracaso en las medidas de supervisión previas (es decir, posible incumplimiento de las obligaciones o medidas anteriormente impuestas por los tribunales o los servicios de justicia, como por ejemplo, un permiso de salida, libertad vigilada o libertad condicional, etc.).
- Psicopatologías existentes (psicopatía, trastorno mental grave: presencia de psicosis, manía, retraso mental o discapacidad neuropsicológica grave).
- Ideación suicida u homicida (impulsos, imágenes e intenciones verbalizadas de hacerse daño a sí mismo o a otros).
- Abuso de alcohol y otras drogas.
- Múltiples víctimas y víctimas desconocidas.
- Uso de la violencia al consumar el delito (utilización de armas o amenazas de muerte).
- Puesta en riesgo físico de la víctima y gravedad del daño físico o psicológico ocasionado a la víctima de las agresiones sexuales.
- Frecuencia de delitos sexuales graves (tanto el tiempo transcurrido entre los delitos, como el riesgo de las conductas delictivas realizadas).
- Victimización preferente de menores.
- Acciones excéntricas y/o rituales.
- Falta de reconocimiento del delito y de arrepentimiento por el mismo, minimización extrema o negación de las agresiones sexuales o actitudes que apoyan o toleran las agresiones sexuales, bajo grado de empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro).
- Desadaptación laboral y familiar (problemas al establecer o mantener relaciones de pareja íntimas o estables, y problemas para conseguir y mantener un trabajo estable).  
- Inestabilidad en las relaciones interpersonales en general.
- Ausencia de motivación para el tratamiento o no de adhesión al mismo.
- Recursos personales deficientes.
- Funcionamiento psicosexual del individuo (desviación sexual, diagnóstico de parafilia, patrón de arousal sexual anormal y disfuncional, padecimiento de abusos sexuales en la infancia).

Es labor de, entre otros, el psicólogo forense evaluar el riesgo de reincidencia de un delincuente y emitir un informe en el que avale o desaconseje la puesta en libertad, basado en la exploración psicopatológica del individuo y en pruebas psicológicas específicas, como las siguientes:
- Cuestionario de Fantasías de O´Donohue et. al. de 1997 (adaptado por José Cáceres en 1999), para la subpoblación de pedófilos.
- Cuestionario de Fantasías Sexuales de Wilson de 1988 (adaptado por José Cáceres).
- S.S.I. (Survey of sexual Interactions) y B.I.Q. (Blackground Information Questionnaire), que identifican disfunciones y problemas sexuales específicos.
- MMPI-2 (Minnesota Multiphasic Personality Inventory [S.R. Hathaway & J.C. McKinley]). Inventario de personalidad, utilizado en la evaluación de psicopatología en adultos en los contextos clínicos, médicos, forenses.
- CAQ (Clinical Analysis Questionnaire [Samuel E. Krug]). Evaluación de 12 variables clínicas de la personalidad.
- MCMI-III (Inventario Clínico Multiaxial de Millon-III). Evaluación de 4 escalas de control, 11 patrones clínicos de personalidad, 3 rasgos patológicos, 7 síndromes de gravedad moderada y 3 síndromes de gravedad severa.
- Test de Rorschach de H. Rorschach y H. Zulliger. Método proyectivo de psicodiagnóstico creado para la evaluación de diversos aspectos de la personalidad profunda.
- Tests de Apercepción Temática (T.A.T) de H.A. Murray. Evaluación de diversos aspectos de la personalidad (impulsos, emociones, sentimientos, complejos, conflictos, etc.).
-PCL-R. Escala de Evaluación de Psicopatía de Hare Revisada de R.D. Hare. Instrumento de medida de la psicopatía en contextos forenses, clínicos y de investigación.
- SVR-20: Manual de valoración del riesgo de violencia sexual. Esta guía de valoración de riesgo ha sido traducida y adaptada para población penitenciaria española por Martínez, Hilterman y Andrés Pueyo (2005), del Grupo de Estudios Avanzados en Violencia (GEAV) de la Universidad de Barcelona.

En conclusión, mientras se decide si se introducen o no cambios legislativos necesarios que salvaguarden a las víctimas y si se arbitra la puesta en práctica medidas de prevención y vigilancia adecuadas y de seguimiento (registros públicos de delincuentes sexuales, pulseras electrónicas, castración química, tratamientos terapéuticos obligatorios tanto dentro como fuera de la cárcel, psicofármacos, gonadectomía, etc.), somos partidarios de la utilización de las herramientas que tenemos y de los informes técnicos multidisciplares (psicólogos, psiquiatras, juristas, criminólogos, educadores, trabajadores sociales, etc.). Dotemos a nuestras instituciones de expertos y de medios adecuados y hagamos uso de ellos y de sus informes. El problema que se nos presenta no es si estos delincuentes salen o no a la sociedad, el problema principal es que no se les evalúa correctamente y que no se toman medidas preventivas antes de las puestas en libertad.

Aunque en lo referente a la predicción de la conducta humana nunca se puede hablar de certezas absolutas, sí podemos evaluar en qué medida están presentes los riesgos de reincidencia y de violencia sexual de cada individuo y hablar de probabilidades. Es obvio que a mayor número de factores de riesgo presentes, mayor probabilidad de reincidencia y en cada caso debe evaluarse el riesgo global en función de los factores que se combinen. Tengamos, finalmente, en cuenta la necesidad de condenas de tipo "permanentes revisables" en las que la evaluación de un equipo multidisciplinar sea la que recomiende si el individuo esta preparado o no para la reinserción social.

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