viernes, 10 de enero de 2014

Influencia de los trastornos de personalidad en conductas delictivas



DEFINICION:
En el DSM-IV-TR, sistema de clasificación de la A.P.A. (Asociación Americana de Psiquiatría) se entiende por trastorno de personalidad, un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto, tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta, es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar o prejuicios para el sujeto".

La clasificación de este tipo de trastornos que hacen tanto el DSM-IV como la CIE-10 parte de una perspectiva categorial, cuyo antecedente se encuentra en el modelo clásico de Kurt Schneider, en el sentido de considerar "los trastornos de la personalidad como entidades patológicas individuales y delimitadas entre sí". Es decir, cada trastorno constituye una categoría diagnóstica y se sustenta en alteraciones específicas.

El DSM-IV define los rasgos de personalidad como "patrones persistentes de formas de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y sobre uno mismo que se ponen de manifiesto en una amplia gama de contextos sociales y personales". 

El trastorno de la personalidad se da cuando estos rasgos, que son egosintónicos (es decir, la persona se siente bien como es, o en todo caso percibe su sufrimiento emocional como algo inevitable, sin relación alguna consigo mismo, con su manera de ser y comportarse), se hacen inflexibles y desadaptativos (hacia el final de la adolescencia se consolidan de forma permanente y estable), y cuando causan un deterioro funcional significativo o un malestar subjetivo.

"Un hecho fundamental diferencia al paciente con trastorno de personalidad del paciente neurótico: los síntomas de este último son autoplásticos, es decir, repercuten en su propio perjuicio y sufrimiento, y son por ello experimentados como egodistónicos. Los síntomas del trastorno de la personalidad son aloplásticos, esto es, repercuten en los demás y son plenamente aceptados por el ego del paciente.

TIPOLOGÍA:
En el DSM-IV, se distinguen diez tipos de trastornos de personalidad, reunidos en tres grupos, por las similitudes de sus características:

A. Raros o excéntricos:
- Paranoide (desconfianza excesiva o injustificada, suspicacia, hipersensibilidad y restricción afectiva).
- Esquizoide (dificultad para establecer relaciones sociales, ausencia de sentimientos cálidos y tiernos, indiferencia a la aprobación o crítica).
- Esquizotípico (anormalidades de la percepción, del pensamiento, del lenguaje y de la conducta, que no llegan a reunir los criterios para la esquizofrenia).

Este grupo de trastornos se caracteriza por un patrón penetrante de cognición (por ej. sospecha), expresión (por ej. lenguaje extraño) y relación con otros (por ej. aislamiento) anormales.

B. Dramáticos, emotivos o inestables:
- Antisocial (conducta antisocial continua y crónica, en la que se violan los derechos de los demás, se presenta antes de los 15 años y persiste en la edad adulta).
- Límite (inestabilidad en el estado de ánimo, la identidad, la autoimagen y la conducta interpersonal).
- Histriónico (conducta teatral, reactiva y expresada intensamente, con relaciones interpersonales marcadas por la superficialidad, el egocentrismo, la hipocresía y la manipulación).
- Narcisista (sentimientos de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito, necesidad exhibicionista de atención y admiración, explotación interpersonal).

Estos trastornos se caracterizan por un patrón penetrante de violación de las normas sociales (por ej. comportamiento criminal), comportamiento impulsivo, emotividad excesiva y grandiosidad. Presenta con frecuencia acting-out (exteriorización de sus rasgos), llevando a rabietas, comportamiento auto-abusivo y arranques de rabia.

C. Ansiosos o temerosos:
- Evitativo (hipersensibilidad al rechazo, la humillación o la vergüenza; retraimiento social a pesar del deseo de afecto, y baja autoestima).
- Dependiente (pasividad para que los demás asuman las responsabilidades y decisiones propias, subordinación e incapacidad para valerse solo, falta de confianza en sí mismo).
- Obsesivo-compulsivo (perfeccionismo, obstinación, indecisión, excesiva devoción al trabajo y al rendimiento; dificultad para expresar emociones cálidas y tiernas).

Este grupo se caracteriza por un patrón penetrante de temores anormales, incluyendo relaciones sociales, separación y necesidad de control.

viernes, 3 de enero de 2014

Riesgo de reincidencia en agresores sexuales

Desde que el pasado 21 de octubre de 2013 el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo derogase la Doctrina Parot son muchos los presos que está desfilando camino a la libertad desde nuestras cárceles: terroristas de ETA, pero también violadores, pederastas y asesinos.

Hemos visto hacerlo, entre otros, a Miguel Ricart, asesino de las tres niñas de Alcàser; Pablo García Ribado, conocido como el violador del portal; Pedro Luis Gallego, violador del ascensor; Pedro Antonio Seco, el asesino de Villarrobledo; Emilio Muñoz Guadix, asesino de Anabel Segura; Arturo Abal Iglesias, condenado por seis delitos de violación a sus hijas; Juan Manuel Valentín Tejero, condenado por el rapto, violación y asesinato de la niña de 9 años Olga Sangrador durante, precisamente, un permiso penitenciario... Salen a veces a cara tapada para que no se los reconozca y cada salida nos deja incognitas abiertas ¿están rehabilitados?, ¿están preparados para la reinserción?, ¿se está protegiendo a las víctimas?, ¿hay riesgo de reincidencia de estos delincuentes?.

Dejando a un lado a los terroristas, vamos a centrarnos en uno de los temas que, quizás, está creando más alarma social: la puesta en libertad de delincuentes sexuales, de agresores con tendencias predatorias y pulsiones irrefrenables.

"Existe la creencia generalizada de que los delincuentes sexuales presentan una casi segura probabilidad de reincidencia. Sin embargo, la reincidencia de los agresores sexuales es, como grupo, baja, y se estima a nivel mundial de en torno al 20% (Lösel, 2002; Quinsey, Rice, y Harris, 1995). (El promedio general de la reincidencia de los delincuentes –no específicamente sexuales— es de alrededor del 50%). No obstante, la distribución de la reincidencia es muy heterogénea y oscila entre aquellos casos de un solo delito conocido, y, en el extremo opuesto, los agresores en serie, que cometen decenas de delitos a lo largo de sus carreras criminales". (Papeles del Psicólogo, septiembre 2007, número 3, vol 28).

La probabilidad de reincidencia de un agresor sexual va a depender de factores de riesgo como los siguientes:
- La edad (mayor cuanto más jóvenes).
- Historial delictogénico anterior (antecedentes de conducta violenta no sexual, antecedentes de delitos no violentos).
- Reincidencias o fracaso en las medidas de supervisión previas (es decir, posible incumplimiento de las obligaciones o medidas anteriormente impuestas por los tribunales o los servicios de justicia, como por ejemplo, un permiso de salida, libertad vigilada o libertad condicional, etc.).
- Psicopatologías existentes (psicopatía, trastorno mental grave: presencia de psicosis, manía, retraso mental o discapacidad neuropsicológica grave).
- Ideación suicida u homicida (impulsos, imágenes e intenciones verbalizadas de hacerse daño a sí mismo o a otros).
- Abuso de alcohol y otras drogas.
- Múltiples víctimas y víctimas desconocidas.
- Uso de la violencia al consumar el delito (utilización de armas o amenazas de muerte).
- Puesta en riesgo físico de la víctima y gravedad del daño físico o psicológico ocasionado a la víctima de las agresiones sexuales.
- Frecuencia de delitos sexuales graves (tanto el tiempo transcurrido entre los delitos, como el riesgo de las conductas delictivas realizadas).
- Victimización preferente de menores.
- Acciones excéntricas y/o rituales.
- Falta de reconocimiento del delito y de arrepentimiento por el mismo, minimización extrema o negación de las agresiones sexuales o actitudes que apoyan o toleran las agresiones sexuales, bajo grado de empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro).
- Desadaptación laboral y familiar (problemas al establecer o mantener relaciones de pareja íntimas o estables, y problemas para conseguir y mantener un trabajo estable).  
- Inestabilidad en las relaciones interpersonales en general.
- Ausencia de motivación para el tratamiento o no de adhesión al mismo.
- Recursos personales deficientes.
- Funcionamiento psicosexual del individuo (desviación sexual, diagnóstico de parafilia, patrón de arousal sexual anormal y disfuncional, padecimiento de abusos sexuales en la infancia).

Es labor de, entre otros, el psicólogo forense evaluar el riesgo de reincidencia de un delincuente y emitir un informe en el que avale o desaconseje la puesta en libertad, basado en la exploración psicopatológica del individuo y en pruebas psicológicas específicas, como las siguientes:
- Cuestionario de Fantasías de O´Donohue et. al. de 1997 (adaptado por José Cáceres en 1999), para la subpoblación de pedófilos.
- Cuestionario de Fantasías Sexuales de Wilson de 1988 (adaptado por José Cáceres).
- S.S.I. (Survey of sexual Interactions) y B.I.Q. (Blackground Information Questionnaire), que identifican disfunciones y problemas sexuales específicos.
- MMPI-2 (Minnesota Multiphasic Personality Inventory [S.R. Hathaway & J.C. McKinley]). Inventario de personalidad, utilizado en la evaluación de psicopatología en adultos en los contextos clínicos, médicos, forenses.
- CAQ (Clinical Analysis Questionnaire [Samuel E. Krug]). Evaluación de 12 variables clínicas de la personalidad.
- MCMI-III (Inventario Clínico Multiaxial de Millon-III). Evaluación de 4 escalas de control, 11 patrones clínicos de personalidad, 3 rasgos patológicos, 7 síndromes de gravedad moderada y 3 síndromes de gravedad severa.
- Test de Rorschach de H. Rorschach y H. Zulliger. Método proyectivo de psicodiagnóstico creado para la evaluación de diversos aspectos de la personalidad profunda.
- Tests de Apercepción Temática (T.A.T) de H.A. Murray. Evaluación de diversos aspectos de la personalidad (impulsos, emociones, sentimientos, complejos, conflictos, etc.).
-PCL-R. Escala de Evaluación de Psicopatía de Hare Revisada de R.D. Hare. Instrumento de medida de la psicopatía en contextos forenses, clínicos y de investigación.
- SVR-20: Manual de valoración del riesgo de violencia sexual. Esta guía de valoración de riesgo ha sido traducida y adaptada para población penitenciaria española por Martínez, Hilterman y Andrés Pueyo (2005), del Grupo de Estudios Avanzados en Violencia (GEAV) de la Universidad de Barcelona.

En conclusión, mientras se decide si se introducen o no cambios legislativos necesarios que salvaguarden a las víctimas y si se arbitra la puesta en práctica medidas de prevención y vigilancia adecuadas y de seguimiento (registros públicos de delincuentes sexuales, pulseras electrónicas, castración química, tratamientos terapéuticos obligatorios tanto dentro como fuera de la cárcel, psicofármacos, gonadectomía, etc.), somos partidarios de la utilización de las herramientas que tenemos y de los informes técnicos multidisciplares (psicólogos, psiquiatras, juristas, criminólogos, educadores, trabajadores sociales, etc.). Dotemos a nuestras instituciones de expertos y de medios adecuados y hagamos uso de ellos y de sus informes. El problema que se nos presenta no es si estos delincuentes salen o no a la sociedad, el problema principal es que no se les evalúa correctamente y que no se toman medidas preventivas antes de las puestas en libertad.

Aunque en lo referente a la predicción de la conducta humana nunca se puede hablar de certezas absolutas, sí podemos evaluar en qué medida están presentes los riesgos de reincidencia y de violencia sexual de cada individuo y hablar de probabilidades. Es obvio que a mayor número de factores de riesgo presentes, mayor probabilidad de reincidencia y en cada caso debe evaluarse el riesgo global en función de los factores que se combinen. Tengamos, finalmente, en cuenta la necesidad de condenas de tipo "permanentes revisables" en las que la evaluación de un equipo multidisciplinar sea la que recomiende si el individuo esta preparado o no para la reinserción social.

viernes, 27 de diciembre de 2013

Trastornos con componentes agresivos y relacion con conductas delictivas IV

DESÓRDENES ORIGINADOS EN LA INFANCIA:
La adolescencia es reconocida en la sociedad occidental como una fase de transición en el desarrollo de la personalidad, en donde se abandona el mundo infantil buscando un espacio psicológico y social en el mundo adulto (Alarcón, 1997). La psicología evolutiva ha descrito como eje motivador de esta etapa la búsqueda y delimitación de la identidad (Erikson, 1969). No obstante, se discute aún, si esta fase del desarrollo sigue una evolución continua y predecible desde los años intermedios o irrumpen transformaciones de tal intensidad que dan origen a una fase de crisis, inestabilidad y fragilidad emocional (Crockett & Crouter, 1995; Rice, 2000).

Diversas investigaciones han dejado en evidencia una mayor vulnerabilidad durante el proceso adolescente para iniciar conductas de riesgo en salud mental y adaptación social tales como: consumo de drogas ilícitas, embarazo precoz, deserción escolar, violencia y conductas antisociales (Ávila, Jiménez-Gómez & González, 1996; Florenzano, 1998; Organización Mundial de la salud [OMS],1995). Estas manifestaciones se presentan como un fenómeno emergente, amenazando la convivencia social y reduciendo en estos adolescentes las posibilidades de ajuste psicológico y social futuro.

Especial atención merecen las conductas antisociales y violentas realizadas por jóvenes, las que se han incrementado significativamente en la última década en diferentes partes del mundo. En EE.UU. los delitos violentos perpetrados por jóvenes aumentaron un 154% en los últimos 10 años y en España los delitos cometidos por menores de 16 años se incrementaron en un 34% en la década del 90 (Urra & Clemente, 1997). En Latinoamérica, en particular en Chile, si bien los contextos vinculados a la pobreza pueden favorecer el desarrollo de conductas delictivas en niños y jóvenes como estrategias de sobrevivencia, se reporta un aumento de éstas en los diferentes sectores socioeconómicos y no sólo en poblaciones empobrecidas y más vulnerables a al control policial y sanción legal. Paz Ciudadana (Werth & Sepúlveda, 2003) reporta que las aprehensiones de menores de 18 años en conductas delictivas en el país aumentó en un 398% entre los años 1986 y 2002 y las condenas de jóvenes entre 16 y 18 años aumentó también en un 67%, lo que contrasta en el mismo tramo de años con un aumento de sólo un 13% en adultos. Esta realidad no se aleja de la tendencia observada en otros países sobre desadaptación social, donde las mayores cifras de incidencia y prevalencia de la conducta delictiva se alcanzan durante la adolescencia y adultez temprana, siendo un predictor de delincuencia adulta, la aparición de conductas antisociales antes de los 15 años (Garrido, Stangeland & Redondo, 1999; Rutter & Giller, 1985).

Desde la criminología se han investigado los procesos asociados a la desadaptación social en jóvenes, dando especial atención a las escaladas o carreras delictivas, donde se observa un aumento progresivo de la gravedad y frecuencia de las conductas antisociales a partir de la edad de inicio (Farrington, 1987), observándose también la interacción entre variables personales y oportunidades del entorno (Gottfredson & Hirschi, 1990). Estos hechos reafirman la necesidad de detectar y estudiar tempranamente las conductas de riesgo antisocial en adolescentes y evaluar los factores psicológicos que pueden intervenir en el desarrollo de éstas.

El desorden de hiperactividad con déficit de atención o TDAH se acompaña en ocasiones de problemas de comportamiento agresivo. Si bien el TDAH se asocia generalmente con los niños, en algunos casos se prolonga hasta la edad adulta. Una combinación del planteamiento biológico y del entorno puede resultar de gran ayuda para el tratamiento del TDAH. Hismsahw y colaboradores (1989) realizaron un estudio con niños varones con TDAH que habian sido entrenados para controlar su ira mediante la modificación cognitiva del comportamiento. Tras ser entrenados, les fue administrado Ritalin o un placebo. Aquellos a quienes se les administró el fármaco mostraron un mejor autocontrol y una menor tendencia a tomar represalias cuando eran objeto de mofa por parte de sus compañeros. De manera alterna, los fármacos se pueden utilizar para ayudar a controlar la hiperactividad al inicio, mientras que el tratamiento conductista puede servir para logar control a largo plazo.

El retraso mental, un tipo de desorden del desarrollo, puede estar acompañado de comportamiento agresivo sin control, aunque éste no es necesariamente una característica predominante en los retrasados. Dos ejemplos del tratamiento conductista de la agresión asociada con el retraso mental pueden encontrarse en los trabajos de Liberiana. Por ejemplo, el caso Barney.

Carr y colaboradores (1980) trabajaron con un niño que manifestaba agresión para huir de las demandas que le eran impuestas, como obedecer una orden; lograron eliminar los comportamientos agresivos y entrenarlo para que desarrollara un comportamiento sustituto.

El desorden de la conducta se produce principalmente en niños varones, y de manera mas especifica, en aquellos cuyos padres padecen de desorden de personalidad antisocial o de otros problemas psiquiátricos. El DSM-IV incluye, como parte del desorden de conducta, violaciones frecuentes a los derechos de los demás o a las normas sociales. Más de la mitad de los criterios conductuales de este diagnóstico incluyen agresión persistente dirigida a otras personas, animales u objetos. Los comportamientos van de la amenaza y el pleito a la violación y el asalto (e incluso, en raras ocasiones, al homicidio). Puede presentarse escasa preocupación por los sentimientos de los demás y pocos indicadores de remordimiento por los actos comentos. Los niños con desorden de la conducta padecen también a menudo de TDAH.

El comienzo de los problemas del desorden de la conducta en la infancia, antes de la edad de 10 años (y no después), tiene mayores posibilidades de hacer que el individuo incurra en agresión y continúe teniendo problemas con ella en la edad adulta.

DESÓRDENES AGRESIVOS SEVEROS EN ADULTOS:
El desorden explosivo intermitente puede diferenciarse parcialmente del desorden de la personalidad antisocial por la presencia de numerosos, aunque discretos, episodios  de comportamiento agresivo dirigidos hacia otros individuos u objetos, en lugar de un patrón consistente de comportamiento agresivo. Los episodios se inician de manera inesperada, resultan fuera de proporción en relación con sus antecedentes y se terminan rápidamente. Por ello, en ocasiones son denominados “ataques”. De hecho, a menudo resultan parecidos a las convulsiones epilépticas, ya que pueden estar precedidos por un cambio afectivo e incluir el desarrollo de actividades por parte del sistema nervioso autónomo. Dichos episodios pueden también estar acompañados de sutiles cambios sensoriales. Tras ellos, el paciente puede presentar amnesia de lo que ocurrió durante el episodio. Si el paciente esta consciente de que tuvo lugar alguna forma de violencia, o se le informa de ello, generalmente expresa remordimiento.


viernes, 20 de diciembre de 2013

Trastornos con componentes agresivos y relacion con conductas delictivas III

DESÓRDENES AFECTIVOS:
O también llamados desordenes anímicos. Entre 25 y 50% de los pacientes internos en instituciones psiquiatricas son clasificados como victimas de desordenes anímicos.

Uno de los desordenes afectivos es el llamado desorden depresivo mayor, o depresión unipolar. Se caracteriza por llanto excesivo, bajos niveles de energía, falta de sueño y deficiencias en la motivación, como la relacionada con el sexo y el apetito. Puede también presentarse agresión; el individuo deprimido puede intentar suicidarse o asesinar a las personas cercanas, en un posible intento por librarlos del sufrimiento según lo percibe el individuo deprimido. Asimismo, en una condición de depresión agitada, ciertos individuos pueden tornarse más agresivos en contra de los demás.
   
El desorden bipolar presenta a un mismo tiempo depresión y manía. El individuo generalmente esta deprimido durante un periodo relativamente largo, posiblemente de varios meses, y después pasa a una fase maniaca mas breve. Esta fase se distingue por un aumento anormal de la energía, tanto física como mental, y por falta de sueño. La persona puede sentirse eufórica o irritable y agresiva, lo que ocurre especialmente cuando sus proyectos poco realistas son obstruidos o sus ideas no son aceptadas por los demás.

Los desordenes afectivos, como la esquizofrenia, parecen estar determinados genéticamente.

DISFUNCIONES CEREBRALES:
La expresión desorden mental provocado por padecimiento médico general es empleada para referirse a individuos que presentan problemas mentales que pueden estar ligados a deterioro identificable de la función cerebral. Este deterioro puede estar causado por varios medios, como trauma, enfermedad y, en el algunos caso, fármacos.

Si el deterioro provoca daño en los centros de inhibición de la agresión o excitación de los centros de producción de agresión, ésta puede aumentar. Dependiendo de la fuente del problema, es posible un tratamiento.

Cuando la agresión es producida por los efectos del uso continuo de un fármaco o de una enfermedad prolongada, el tratamiento directo de la fuente puede ayudar si el cerebro no ha sufrido daño significativo o si el problema es funcional, como un desorden metabólico que este afectando la actividad cerebral. Así, el tratamiento directo puede incluir una restricción de los fármacos, la adición de ciertos complementos a la dieta, como vitaminas necesarias, o el control médico de una infección.

En casos de daño cerebral permanente, los neurocirujanos pueden remover un tumor o un quiste que haga presión sobre las estructuras neurológicas que amenace con dañarlas si se le permite crecer. La neurocirugía también puede ser necesaria para remover estructuras irritantes, como tejido cicatrizado, que producen convulsiones. La cirugía vascular puede ayudar a restaurar el flujo sanguíneo hacia áreas afectadas por una embolia. La terapia con fármacos también puede resultar de ayuda para el control de la agresión asociada con la disfunción cerebral.

La agresión inducida por fármacos es a veces tratada por medio de la administración de tranquilizantes menores.

En caso de daño cerebral permanente, el tratamiento con fármacos tal vez no controle completamente la agresión.


domingo, 15 de diciembre de 2013

Trastornos con componentes agresivos y relacion con conductas delictivas II

TRASTORNOS EN EL CONTROL DE LOS IMPULSOS:
Los trastornos en el control de los impulsos son entidades todas ellas muy vinculadas a conductas ilegales aunque, salvo excepciones, su importancia es irrelevante. En el peor de los casos, y sobre todo, en el llamado trastorno explosivo intermitente, nos vamos a encontrar con delitos de lesiones e incluso con el homicidio (Cabrera y Fuertes, 1997).

Son delitos que se originan por la confluencia de dos factores. Por un lado, de la intensa ansiedad-impulsividad-agresividad existente y, por otro, debido al precario control racional lo que da lugar a la existencia de actos en los que no existe la necesaria regulación volitiva (Cabrera y Fuertes, 1997).

También nos encontramos con otro tipo de conductas delictivas que forman parte de la esencia misma de los trastornos. Así tenemos el hurto del cleptómano, hurto que se caracteriza por ser inmotivado, carente de valor, no premeditado y claramente unido a la patología psicológica. Por último, podemos observar la existencia de otro tipo de actividades delictivas tales como la provocación de incendios en los pirómanos y el robo, la estafa, las falsificaciones y, en general, delitos contra la propiedad en los jugadores patológicos (Cabrera y Fuertes, 1997).

ESQUIZOFRENIA:
La esquizofrenia es la psicosis mas comúnmente diagnosticada (un desorden mental discapacitante que involucra contacto deteriorado con la realidad), tiene lugar en alrededor del 1% de la población. Casi la mitad de los pacientes internos en instituciones psiquiatritas son esquizofrénicos. El esquizofrénico se caracteriza comúnmente por síntomas positivos de pensamientos desordenados, falta de contacto con la realidad, delirios y alucinaciones. Los síntomas negativos incluyen falta de afecto (emoción), bajos niveles de motivación, poca verbalizacion y autoaislamiento social. Además de estos síntomas, puede presentarse agresión, en forma crónica o en explosiones aisladas.

Los fármacos mas comunes para el tratamiento de la esquizofrenia son los tranquilizantes mayores (neurolépticos o fármacos antipsicoticos). Antes del descubrimiento de estos fármacos en la década de los cincuenta, existían pocas formas de tratamiento efectivo para los psicóticos. La mayoría de los informes ofrecen un panorama de confusión total, de gran caos, que incluía agresión excesiva y peligrosa por parte de algunos pacientes. Los pacientes violentos eran limitados mediante el uso de camisas de fuerza, quizás incluso de grilletes y cadenas, o eran recluidos en celdas. Cualquier arma potencial les era apartada. Una vez que los fármacos antipsicoticos fueron descubiertos, se produjo una impresionante reducción global en los niveles de agitación de los pacientes, lo que redundó en una disminución en el uso de recursos que los limitaran físicamente.
    
La cropromacina y la tioridazina son dos tranquilizantes mayores usados frecuentemente para controlar a pacientes esquizofrénicos agresivos. Ambos son muy efectivos para bloquear los receptores de dopamina y reducen así los síntomas esquizofrénicos que producen agresión.
En caso de explosiones agresivas extremadamente peligrosas en esquizofrénicos se utilizan fármacos con efectos tranquilizantes a corto plazo.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

Trastornos con componentes agresivos y relación con conductas delictivas I

TRASTORNOS RELACIONADOS CON SUSTANCIAS:
El índice de delincuencia, que de manera elevada existe en torno a la drogadicción, depende de varios factores que pasamos a exponer a continuación (Cabrera y Fuertes, 1997):

- De la obtención de la droga que, dado su elevado valor en el mercado clandestino, obliga al sujeto a robar, prostituirse, estafar, etc., para obtener la sustancia a la que es adicto.

- De los efectos directos de la droga en el sujeto, esto es, la posible aparición de trastornos psicóticos inducidos por sustancias, reacciones de ansiedad, delirium, estados de agresividad y confusionales. Durante estas situaciones el drogodependiente puede cometer con frecuencia delitos tales como lesiones, atentados sexuales, e incluso homicidios.

- De la personalidad previa del toxicómano. En este sentido, existen grandes polémicas sobre si el drogadicto presenta alteraciones previas de la personalidad, o lo que es lo mismo, si existe un "perfil de personalidad del drogodependiente". Aunque no hay datos concluyentes parecen que existen rasgos de personalidad relativamente estables y homogéneos en los drogodependientes. Lo que no está claro es si son dichos rasgos los que precipitan al consumo de tóxicos o si por el contrario es el consumo de sustancias el que altera o modifica la personalidad de los drogodependientes.
 
Hay que tener presente que muchos trastornos de la personalidad tratan de compensar sus insuficiencias con el consumo de tóxicos. En otras ocasiones, estados psicopatológicos latentes (ej. esquizofrenias) afloran al ser precipitados por el consumo de tóxicos, y finalmente, personalidades con rasgos específicos de inestabilidad, impulsividad y escasa tolerancia a la frustración se descompensan con la ingesta de determinadas drogas, realizando conductas violentas que son seguidas de estados amnésicos completos (Cabrera y Fuertes, 1997).

Mención especial merece el llamado "síndrome de abstinencia". La reforma del Código Penal español considera como eximentes de responsabilidad tanto la intoxicación plena como el síndrome de abstinencia siempre y cuando la afectación sea tan intensa que le impida comprender la ilicitud del hecho o actuar conforme a esa comprensión y no haya sido buscada con el propósito para delinquir (Cabrera y Fuertes, 1997).

Siendo los legisladores conscientes de que las drogodependencias son un problema de primera magnitud han previsto la adopción de una serie de medidas de seguridad que sustituyen a la prisión (Art. 96 y 102 del C.P.) quedando a criterio del Tribunal sustituir las penas privativas de libertad por internamientos en centros de deshabituación cuya estancia no podrá exceder en ningún caso al tiempo de condena que le hubiera correspondido de habérsele aplicado una pena privativa de libertad (Cabrera y Fuertes, 1997).

Son una minoría los sujetos esquizofrénicos que cometen algún tipo de conducta antisocial punible (Howells, 1982). Estas personas son probablemente más arrestadas por sus delitos que el resto de los delincuentes. Esto puede causar una impresión aparente de gran criminalidad asociada a este diagnóstico.

Al hablar de la conducta antisocial y violenta en esquizofrénicos debiera distinguirse entre la conducta antisocial que estos pacientes presentan fuera de las fases activas del trastorno y la que pueden presentar durante ellas. La fase activa favorece la aparición de agresión verbal o física en algunos pacientes, no en todos, y esta agresión puede estar relacionada con la naturaleza del síndrome psicopatológico del sujeto (Llorente, 1987).

De los delitos cometidos por los esquizofrénicos, los más frecuentes son los delitos de lesiones y amenazas. Le siguen en orden de frecuencia los cometidos contra el patrimonio y el orden socioeconómico (robos y hurtos) y mucho más alejados los delitos contra el orden público (Cabrera y Fuertes, 1997).

La conducta delictiva del esquizofrénico se caracteriza por su falta de historicidad biográfica, es decir, no hay justificación lógica para la misma. La falta de motivación de los delitos del esquizofrénico es notoria y, en general, no hay intereses encontrados con la víctima ni otros motivos, simplemente ocurrió. Esta ausencia de motivación e incomprensibilidad son quizá el aspecto que más angustia a la sociedad y que contribuye a mantener un temor hacia la esquizofrenia. Además, es muy típico que las conductas delictivas sean conductas frías, crueles, brutales, rudas, desproporcionadas y sin arrepentimiento. Casi nunca se llevan a cabo con cómplices y nacen súbitamente, fruto de una inspiración delirante (Cabrera y Fuertes, 1997).

Podemos decir que de forma general estos enfermos no contravienen significativamente el Código Penal, excepción hecha del enfermo agudo, no tratado y sin ninguna medida de control, en el cual la peligrosidad obviamente es alta no sólo por la enfermedad en sí sino también por la actitud que muchas veces la sociedad toma ante ellos.

Consideraciones y matices muy diferentes merecen la criminalidad y peligrosidad del Trastorno Delirante (Paranoia) que radica en dos vertientes (Cabrera y Fuertes, 1997):

Por un lado su aparente normalidad psíquica, ya que sólo está afectada una parcela del psiquismo (aquella a la que se refiere su delirio), y el resto de su personalidad está bastante bien homogeneizada con su medio social.
 
Por otro lado, la potencial agresividad que produce el fuerte convencimiento de sus ideas delirantes.


jueves, 5 de diciembre de 2013

Distinción entre agresividad, impulsividad, violencia y peligrosidad



AGRESIÓN:
Puede ser entendida como incremento en la tensión, originada por la pulsión agresiva, que en un principio es controlada por los sistemas inhibitorios cerebrales y sociales. Generalmente es desencadenada por el "otro", que es vivenciado como amenazador o depredador del espacio vital, de los valores individuales o de la vida misma. En el hombre conjuga 3 aspectos: la impulsividad, la capacidad de tolerancia a la frustración y la posibilidad de diferir el ataque. Además lleva implícita la noción de "venganza", que puede llevarse a cabo, en forma real o fantaseada, con su propia mano o por otro.

IMPULSIVIDAD:
Se refiere a la conducta agresiva, no premeditada y no desencadenada por la víctima, que pone de manifiesto una alteración en los sistemas de control biológico, psicológico y social, que permite que la pulsión agresiva se origine y se manifieste de manera inmediata, sin medir las consecuencias en el ataque auto o heterodirigido. Esto puede suceder en los actos de automutilación o en los intentos de suicidio. Implica la existencia de un componente biológico, la pulsión, que no puede ser controlado de forma eficaz.

VIOLENCIA:
Se refiere a la manifestación colectiva de la agresión, que une elementos de impulsividad y agresión, de cada uno de los miembros del grupo violento. Generalmente es desencadenada por la "amenaza" de otro, sea un individuo o grupo. Puede alcanzar niveles de gran intensidad, como en el fanatismo religioso; los factores sociales descubren conductas impulsivas individuales, la capacidad de agresión colectiva y las deficiencias en los controles individuales y sociales de la agresividad.

PELIGRO:
Se refiere al "riesgo o contingencia inminente de que suceda algún mal". Se debe evaluar el riesgo o la tendencia a presentar conductas impulsivas, agresivas o violentas, debiéndose aclarar, en que circunstancias probables se pueden presentar dichas conductas, con el margen de error correspondiente, y que puede derivarse del cuidadoso análisis de la historia psiquiátrica forense.

EL ESTADO PELIGROSO O PELIGROSIDAD:
La capacidad criminal o temibilidad: es el fracaso de una persona en responder a intimidarse ante las advertencias de la comunidad (o de las leyes). Es la perversidad constante y activa del delincuente y la cantidad de mal, que por tanto, se puede esperar del mismo.

La adaptabilidad o capacidad de inserción social: de que forma y en que medida el individuo es capaz de adaptarse adecuadamente al medio ambiente.


Existen 2 tipos de estado peligroso o peligrosidad:

- Peligrosidad pre-delictual: llamada social, capacidad para delinquir o peligrosidad potencial. Se refiere a la posibilidad de que una persona llegue a cometer hechos socialmente dañinos, se refiere también a hechos que pueden estar fuera del campo de lo penal o criminal.

- Peligrosidad post-delictual: llamada criminal o estado de inmediata criminalidad. Es la condición que presentan aquellos individuos que habiendo delinquido, tienen características que indican probabilidad de reincidencia.


Se puede decir que la peligrosidad es la resultante de la suma de dos elementos: uno objetivo relativo a la gravedad del delito, y otro subjetivo dependiente de la intensidad, perseverancia o tenacidad para resolver el impulso criminal.