sábado, 14 de mayo de 2016

Vigorexia: cuando el cuidado del cuerpo se convierte en obsesión

La vigorexia es considerada un tipo de trastorno dismórfico corporal y está muy relacionada con el trastorno obsesivo compulsivo. Podríamos decir que se trata de una patología en parte opuesta a la anorexia (anorexia inversa), en tanto que los que lo sufren tienen necesidad de no parecer pequeños o débiles. Es una obsesión o adicción desproporcionada al ejercicio físico. Las personas que lo padecen están preocupadas en exceso por sus imperfecciones corporales, ya sean reales o sea una percepción sesgada de las mismas.

El trastorno dismórfico corporal, dentro del DSM V está clasificado dentro de los trastornos somatomorfos y, como tal, se consideran necesarios 3 criterios para su diagnóstico:
A. Preocupación por algún defecto imaginado del aspecto físico. Cuando hay leves anomalías físicas, la preocupación del individuo es excesiva.
B. La preocupación provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la  actividad del individuo.
C. La preocupación no se explica mejor por la presencia de otro trastorno mental (por ejemplo, insatisfacción con el tamaño y la silueta corporales en la anorexia nerviosa).

Respecto a su relación con el trastorno obsesivo compulsivo, ambos trastornos comparten, por una parte, las obsesiones por los pensamientos o imágenes intrusivas que se repiten y producen ansiedad o estrés y, por otra parte, las compulsiones, o esa necesidad imperiosa de realizar conductas que se repiten para que la obsesión desaparezca (ejercicios físicos). Estas compulsiones requieren mucho tiempo al día y tienen como propósito reducir o prevenir la angustia o las situaciones o acontecimientos temidos.

La vigorexia como patología no es una simple afición al deporte, un cuidado del cuerpo o un estilo de vida cuidado y saludable. Se considera como trastorno cuando esta preocupación es desmedida y la insatisfacción corporal termina afectando a otras áreas importantes, como las relaciones personales/ familiares, el ámbito laboral o social y la salud física.

Sintomatología:
- Preocupación constante por la imagen corporal y por las imperfecciones.
- Necesidad obsesiva de realizar ejercicio físico.
- Duros programas de entrenamiento con el objetivo de agrandar los músculos (aun con lesiones o molestias físicas, incluso abandonando obligaciones importantes o aislándose socialmente).
- Dietas o cuidado muy estricto de la alimentación. Ingesta desmedida de proteínas y carbohidratos.
- En algunos casos, consumo abusivo de esteroides anabólicos para conseguir aumentar la masa muscular.
- Distorsión de la imagen corporal.
- Revisiones constantes en el espejo.

martes, 19 de abril de 2016

Delitos: agravante, atenuante y eximente

El Código Penal (ley fundamental del sistema penal) distingue entre delitos y faltas, que constituyen los presupuestos de la aplicación de la forma suprema que puede revestir el poder coactivo del Estado: la pena criminal. Unos y otras tienen como elemento común el consistir en comportamientos contrarios al derecho (bien de carácter intencional, bien por desconocimiento). Sin embargo, y ahí radica la diferencia fundamental entre ambos, la gravedad de la infracción es mayor en el caso de los primeros. 


Respecto a éstos, a los delitos, el citado Código Penal, establece tres tipos: graves, menos graves y leves, y para cada uno de ellos señala un margen de penas. No obstante, hay que tener presente que, a la hora de señalar la sanción para cada delito concreto, el juez habrá de observar éste no sólo desde la perspectiva objetiva, del hecho en sí, sino también desde otra más subjetiva, que tendría en cuenta componentes psicológicos, como la voluntad y la intención (dolo) o el sentimiento de culpa atribuibles al condenado. El análisis de estos elementos subjetivos puede llevar a aplicar medidas que disminuyan, aumenten o supriman la responsabilidad del delincuente y constituye un muy amplio campo de actuación de los psicólogos forenses.

Nuestra labor como tales en los casos en que se nos solicita informe consiste en facilitar respuestas plausibles de cara a que se juzgue la responsabilidad criminal. Habremos de determinar, por ejemplo, si el reo sabía lo que hacía (capacidad de juicio), si quería hacerlo (intencionalidad), si pudo evitar hacerlo (control de impulsos), si hay posibilidad de recidiva (peligrosidad criminal), si es tratable (evolución) o si hay sentimiento de culpa. De todo ello resultarán tres tipos de moduladores de las penas:


EXIMENTE: todo aquello que libera de una responsabilidad criminal. Podríamos citar como ejemplos de individuos exentos de responsabilidad los menores de dieciocho años, los que al tiempo de cometer la infracción penal presentan anomalías o alteraciones psíquicas y no puedan comprender la ilicitud del hecho, los que delinquen bajo los efectos de una intoxicación plena por consumo de bebidas alcohólicas, drogas, estupefacientes o sustancias psicotrópicas o el que obra impulsado por un miedo insuperable.

ATENUANTE: Circunstancias que disminuyen la responsabilidad criminal, pero no la anulan totalmente. Según el Código Penal, son causas atenuantes las descritas anteriormente como eximentes (cuando no concurran todos los requisitos necesarios para eximir de responsabilidad), el no haber tenido el delincuente intención de causar un mal de tanta gravedad como el que produjo, el hecho de obrar por estímulos o motivos morales altruistas o patrióticos de notoria importancia, la enajenación mental transitoria, la obcecación u otros estados pasionales de entidad semejante, la reparación en lo posible del daño ocasionado a la víctima, los impulsos de arrepentimiento espontáneo, el dar satisfacción al ofendido o  confesar a las autoridades la infracción.


AGRAVANTE: se entiende por agravante todo elemento que aumenta la culpabilidad, gravedad o crueldad del hecho delictivo. Existen tres tipos principales: premeditación (porque el acto premeditado, preconcebido y calculado contiene una mayor cantidad de voluntad criminal y una mayor dosis de libertad. El que premedita, por la frialdad y calma con que prepara el delito revela gran peligrosidad); alevosía (que hace referencia a la forma, modo y tipo en que se comete un delito, en especial el motivo que lo induce, es decir, el que mata para robar y seguir así una vida crapulosa muestra mayor peligrosidad que el homicida que mata por defender la honra de su hija por ejemplo); y ensañamiento (prolongación cruel e inhumana del dolor de la víctima, el empleo de astucia, fraude, abuso de superioridad, abuso de confianza, nocturnidad, actuar en cuadrilla, el despreciando a la persona o en lugar sagrado).

viernes, 15 de mayo de 2015

Trastorno por estrés postraumático (TEPT) III: Estrategias de afrontamiento.

Estrategias de afrontamiento positivas: son aquellas que nos van a ayudar en la superación del suceso traumático.
- Aceptación del hecho y resignación.
- Experiencia compartida del dolor y de la pena.
- Reorganización del sistema familiar y de la vida cotidiana.
- Reintepretación positiva del suceso (hasta donde sea posible).
- Establecimiento de nuevas metas y relaciones.
- Búsqueda de apoyo social.
- Implicación en grupos de autoayuda o en ONGs.

Estrategias de afrontamiento negativas: son aquellas que nos van a dificultar la superación del suceso traumático.
- Anclaje en los recuerdos y planteamiento de preguntas sin respuesta.
- Sentimientos de culpa.
- Emociones negativas de odio o de venganza.
- Aislamiento social.
- Implicación en procesos judiciales, sobre todo cuando la víctima se implica voluntariamente en ellos.
- Consumo excesivo de alcohol y drogas.
- Abuso de fármacos.

Hay personalidades que son "resistentes" al estrés y presentan cierto tipo de características que les hacen más resistentes a sufrir un trastorno por estrés postraumático:
- Control de las emociones y valoración positiva de uno mismo.
- Estilo de vida equilibrado.
- Apoyo social y participación en actividades sociales.
- Implicación activa en el proyecto de vida (profesión, familia, actividades de voluntariado, etc).
- Afrontamiento de las dificultades cotidianas.
- Aficiones gratificantes.
- Sentido del humor.
- Actitud postiva ante la vida.
- Aceptación de las limitaciones personales.
- Vida espiritual.

viernes, 8 de mayo de 2015

Trastorno por estrés postraumático (TEPT) II: Incidencia en la infancia.

Respecto al caso particular del trastorno por estrés postraumático en menores, la intensidad de las consecuencias psicológicas va a depender fundamentalmente de la figura del agresor, la etapa evolutiva en que se encuentre el niño (cuanto más pequeños más graves suelen ser los síntomas sufridos, porque es menor la percepción de control que tienen sobre su propia vida), las reacciones anteriores ante pérdidas y separaciones, el comportamiento de las personas que le rodean o el tipo de familia (los niños son más vulnerables si viven en un ambiente desestructurado). 

En la infancia tenemos que tener en cuenta que muchos niños no expresan sus pensamientos y emociones verbalmente sino a través de su comportamiento. Los más pequeños lo expresan de manera más global: conductas de retraimiento, dificultades de aprendizaje, conductas regresivas y pérdida de algunas habilidades. Es muy común que aparezca la ansiedad de separación, que se traduce en una dependencia exagerada. A partir de los 8 años, por lo general, los niños ya pueden expresar verbalmente y aportar una cronología fidedigna de los acontecimientos.

En el caso de menores podemos encontrar sintomatología muy variada: alteraciones del sueño, cambios en los hábitos de alimentación, culpa y vergüenza, sobresaltos, disminución de la autoestima, síntomas físicos (náuseas, dolores abdominales), comportamientos regresivos, ansiedad, tristeza, malestar emocional (dificultades de adaptación a la vida cotidiana).

Las niñas suelen manifestar más síntomas ansiosos y depresión. Los niños,  más trastornos de conducta. En ambos casos se suele traducir en una inadaptación escolar.

Los síntomas comienzan a mejorar cuando el niño recibe explicaciones claras por parte de los padres y se encuentra bien apoyado emocionalmente por ellos. La atmósfera de apoyo, comunicaión y serenidad contribuye a la recuperación psicológica del menor, que se basa en la sensación de autonomía y la capacidad de ejercer autocontrol sobre sí mismo y sobre el medio que le rodea.

En la adolescencia pueden aparecer cambios radicales en su comportamiento y son frecuentes las actitudes de escape. Lo que predice una peor evolución hacia la vida adulta es la exposición prolongada a los estímulos traumáticos.

Distinción entre vergüenza y culpa:
- Vergüenza: se caracteriza por una autodescalificación global, es emoción debastadora, la preocupación prioritaritaria es el malestar emocional, produce aislamiento social y depresión como consecuencia.

- Culpa: se caracteriza por una autocrítica de la conducta concreta, es una emoción menos devastadora, la preocupación prioritaria es el dolor por el daño hecho, produce facilitación de la empatía (ponerse en el lugar del otro) e intentos de reparación.

Es importante ayudar al menor a gestionar el sentimiento de culpa. De no ser así, la no superación produce acciones negativas, como sería la mala conciencia a nivel cognitivo o el remordimiento a nivel afectivo. Para la superación de este sentimiento de necesitaría o un arrepentimiento (solicitud de perdón) o la reparación del daño (directa, altruista o indirecta).



viernes, 1 de mayo de 2015

Trastorno por estrés postraumático (TEPT) I

Para entender este trastorno hemos de partir de la base de qué se considera un SUCESO TRAUMÁTICO. Se entiende por suceso traumático cualquier acontecimiento negativo intenso que surge de forma brusca, que resulta inesperado e incontrolable y que puede poner en peligro la integridad física o psicológica de una persona que se muestra incapaz de afrontarlo. Este tipo de suceso no forma parte de las experiencias humanas habituales y produce un gran impacto psicológico, que va a depender fundamentalmente de dos factores: la intensidad del hecho y la ausencia de respuestas psicológicas adecuadas para encararlo.

A raíz de este suceso traumático podremos hablar de TRAUMA, como aquella reacción psicológica derivada de dicho suceso. Cualquier acontecimiento de este tipo altera el sentimiento de seguridad de la persona en sí misma y en los demás. El elemento clave es la pérdida de la confianza básica.

Dentro de los sucesos traumáticos más habituales podemos distinguir entre los intencionados (agresiones sexuales en la vida adulta, relación de pareja violenta, terrorismo, secuestro y tortura, muerte violenta de un hijo, abuso sexual en la infancia, maltrato infantil, etc.) y los no intencionados (accidentes, catástrofes naturales).

Fases habituales en el daño psicológico:
1) Reacción de sobrecogimiento: abatimiento general, pobreza de respuestas, lentitud, ausencia de reacción.
2) Vivencias afectivas dramáticas: dependen de cómo se elaboren y de las características de personalidad de cada individuo (dolor, indignación, ira, culpa, miedo).
3) Tendencia a revivir intensamente el suceso, de forma espontánea o con algún estímulo desencadenante (olor, sabor, objeto, etc). Se produce una re-experimentación de hecho o suceso traumático en forma de recuerdos repetitivos e intrusivos (imágenes, pensamientos o percepciones), flashbacks, pesadillas recurrentes, malestar psicológico intenso al tener exposición con estímuos relacionados (que pueden ser de cualquier forma o tipo sensorial, como ya hemos comentado anteriormente) y respuestas fisiológicas congruentes con los estímulos.

A través de esas tres fases del daño psicológico pueden generarse, por una parte, SECUELAS PSÍQUICAS, que se traducen en alteraciones adaptativas: a nivel cognitivo (confusión, dificultades para tomar decisiones, indefensión, falta de control), a nivel psicofisiológico (sobresaltos continuos, alteraciones del sueño, dificultad de concentración, irritabilidad, episodios de cólera) y a nivel conductual (apatía y dificultad para reestablecer la rutina). Por otra parte podemos encontrar SECUELAS EMOCIONALES: la estabilización del daño psicológico produce una discapacidad permanenente que puede no remitir con el paso del tiempo, se puede producir una modificación permanente de la personalidad con aparición de rasgos nuevos (suspicacia, dependencia emocional), que se mantienen durante al menos dos años y pueden llevar a un deterioro de las relaciones interpersonales y a una falta de rendimiento en la actividad laboral.

Factores de vulnerabilidad:
Las personas reaccionan de manera distinta porque los acontecimientos les afectan en distinta medida. Por lo general, la mayoría de la población ha vivido experiencias traumáticas en mayor o menor medida (pérdida de algún familiar, enfermedad grave propia o de alguien cercano, etc.), pero no todo el mundo que sufre un suceso traumático o un estrés agudo es vulnerable de padecer un Trastorno por estrés postraumático (un alto porcentaje de los adultos se recuperan sin secuelas de un acontecimiento traumático). La mayor o menor repercusión psicológica dependerá de su vulnerabilidad, que se verá afectada por factores de tipo psicológico (baja autoestima, desequilibrio emocional, fragilidad emocional previa, escasa capacidad de adaptación a los cambios, sensación de fatalismo) y factores de tipo psicosocial (apoyo social insuficiente, escasa implicación en las relaciones sociales, falta de apoyo institucional). Si bien, si que hay que señalar que es más frecuente su aparición es más frecuente en mujeres.

Teniendo en cuenta todos estos factores podemos concluir que el daño psicológico depende de: la intensidad o duración del acontecimiento, de la percepción del suceso (variables psicológicas), del carácter inesperado del acontecimiento, de la fragilidad de la víctima y de la concurrencia de otros problemas. 



viernes, 27 de marzo de 2015

Ejercicios para mejorar la autoestima

Creo que es importante para empezar el post explicar qué es la AUTOESTIMA: es la valoración que todos tenemos de nosotros mismos. Supone la aceptación interna de una persona como tal (lo que no implica un mero ejercicio de resignación). La seguridad que uno tiene en sí mismo deriva del sentimiento gratificante que procede de conseguir los objetivos que se propone y se potencia con los diferentes logros que se hayan podido obtener.

Hay unas reglas de oro en relación con la autoestima:
- TOLERAR LOS FRACASOS: en la vida de cada persona existen tantos fracasos como éxitos. Desgraciadamente no siempre se gana (si no, la vida sería un poco aburrida). Es imposible tener éxito en todas las actividades o en todas las facetas de la persona (y si alguien te dice que lo tiene: miente!).

- ACEPTAR LOS ERRORES: todas las personas cometen errores, es algo inevitable. La diferencia entre unas personas y otras estriba en como se asumen esos errores, hay personas que eligen aprender de sus errores del pasado para vivir mejor en el futuro y personas que se amargan pensando en ellos una y otra vez. Es importante (incluso sano) tolerar un porcentaje de error en el desarrollo de la vida.

- PONERSE METAS ALCANZABLES: es básico plantearse metas concretas y que sean alcanzables a través de un esfuerzo razonable  (a estas alturas de la vida no podría plantearme crecer veinte centímetros más, porque no es algo posible y lo más probable es que termine tremendamente frustrada por no conseguirlo). Los objetivos imposibles e irreales son una fuente de frustración y de tristeza, por eso hay que olvidarse de lo imposible e ir a por lo posible. Tener éxito en pequeñas metas atrae nuevos éxitos. En cualquie caso, el éxito debe referirse a metas presentes y futuras (no al pasado), a la comparación de la personas consigo misma (no con los demás) y a los esfuerzos realizados (más que a los logros obtenidos).

- RELACIONARSE CON LOS DEMÁS: practicar una comunicación adecuada, comportarse asertivamente, no pisotear los derechos de los demás (ojo, ni dejar que otros pisoteen los de uno), fomentar el contacto social con personas agradables y alejarse (como de la peste) de las personas desagradables o negativas.

- CONTROLAR LAS EMOCIONES: ser dueño de las emociones (ira, ansiedad, tristeza, celos...) conduce a la persona a sentirse mejor con ella misma, así como a entenderse mejor con los demás.

- SOLUCIONAR SÓLO LO QUE PUEDE SOLUCIONARSE: abordar sólo los temas que se pueden solucionar. Los sucesis negativos que han ocurrido en el pasado ya no tienen solución. Lo que ahora se puede hacer es modificar el presente y trabajar para tener un futuro mejor.

- ATENDER A LO POSITIVO DE UNO MISMO: recrearse recordando cualidades, habilidades, conocimientos, experiencia, etc. de uno mismo. así como buenos momentos vividos (por ejemplo, anotar cada día 3 cosas buenas que te hayan ocurrido o te hayan hecho sonreir: una felicitación de tu jefe, el encuentro con un viejo amigo, una llamada...).

- NO ESTAR COMPARÁNDOSE CONSTANTEMENTE CON LOS DEMÁS: ser siempre uno mismo y aceptarse tanto con las cualidades como con los defectos. Compararse con uno mismo, es decir, con los logros conseguidos con el esfuerzo personal.

- REALIZAR ACTIVIDADES AGRADABLES: divertirse sanamente, sin excesos contraproducentes para la salud (abuso de alcohol, conductas sexuales de riesgo...). Combinar las obligaciones (trabajo, ocupaciones familiares) con el disfrute de los ratos de ocio (estar con amigos, hacer deporte, practicar aficiones).

- MIMARSE A UNO MISMO: a veces estamos tan volcados en el entorno que no nos paramos a querernos a nosotros mismos y a cuidar nuestro autoconcepto y autovaloración de los aspectos positivos y negativos más significativos en relación con las distintas áreas de autoestima (apariencia física, capacidad intelectual, forma de ser, salud, aceptación social, sexualidad, rendimiento profesional, estatus socioeconómico, ejecución de tareas cotidianas y éxito en la vida).

viernes, 20 de marzo de 2015

La tercera edad y los problemas de memoria

Vamos a empezar el post desmontando mitos... los olvidos y los problemas de memoria no son algo exclusivo del proceso de envejecimiento ni siempre se producen como resultado del mismo. A veces la edad es un factor importante a tener en cuenta en los fallos continuados de memoria, pero en los procesos de memoria influyen también otras variables personales (nivel de autoexigencia, estado físico general, ausencia de enfermedad, estado anímico, ejercicio, alimentación equilibrada y adaptada a la edad) y ambientales (jubilación, pérdida de un ser querido, enfermedades mentales como ansiedad o depresión, disminución de estimulación por menores exigencias del medio, estrés, uso de herramientas que nos facilitan la vida y nos enlentecen la mente, como móviles, calculadoras, agendas...).


Por otra parte, hay ciertas variables que también debemos tener en cuenta, como serían las diferencias individuales (dos personas con la misma edad y nivel cultural pueden presentar un funcionamiento mental distinto); personas de edad muy avanzada siguen desarrollando un trabajo impecable (actores, escritores, profesores); y está comprobado que personas mayores que realizan un programa de intervención cognitiva mejoran tanto objetiva como subjetivamente. Además, debemos tener en cuenta que no siempre nuestros fallos de memoria se deben a la memoria propiamente dicha. La memoria no se encuentra ubicada en un sitio único del cerebro, sino que más bien es el resultado del funcionamiento conjunto de múltiples estructuras cerebrales (estímulo, percepción y memoria sensorial, memoria a corto plazo o inmediata, memoria a largo plazo, atención, selección y codificación, almacenamiento, memoria de trabajo, recuperación de la información almacenada, localización o huella mnésica y decodificación de la información, etc). En resumen, no todos los olvidos son iguales ni siempre son fallos ocasionados por un deterioro o un déficit de la memoria. Si, por ejemplo, no recuerdo el nombre de una persona que me acaban de presentar, no necesariamente estaríamos hablando de un fallo de memoria o de recuperación de la información, podría deberse a un fallo de atención o a un fallo en la codificación y almacenamiento de esa información. O incluso, la pérdida de objetos como gafas, móvil o llaves puede tener su causa principal en la falta de atención al tratarse de una tarea o una conducta automatizada: llego a casa hablando por el móvil (conducta automátizada), me quito el abrigo y dejo el bolso y las llaves, a la vez saludo al entrar y en algún momento suelto el móvil; si conincide que lo he dejado donde siempre, estupendo, ¿y si no?...


Es por ello que los programas de estimulación cognitiva no solo están basados en la memoria, sino en otras facetas importantes:
- Memoria: capacidad de adquirir, conservar y restituir informaciones. Ejercicios como listado de frutas, que me llevaria en la maleta si me fuera a la playa en verano, leer un listado de palabras e intentar recordarlas, repetición de series.
- Atención: focalización sobre una acción u objeto particular. Se puede trabajar en dibujos de unir puntos, sopas de letras, búsqueda de un dibujo repetido.
- Orientación: en espacio, tiempo y persona y el conocimiento que se tiene de ellas. Se trabajaría con los días de la semana, meses del año, saber la fecha y la hora, dibujar el plano de su casa.
- Gnosia: conocimiento del mundo y de sus objetos a partir de las experiencias sensoriales. Por ejemplo, marcando un número de teléfono o expresando cosas a traves de mímica.
- Cálculo: operaciones o series de operaciones que en un principio se refieren a números. Se trabaja a traves de sumas, restas, localización de secuencias de números.
- Lenguaje: capacidad del ser humano de utilizar un sistema de signos verbales para comunicarse con su entorno y representarse el mundo. Ejemplos de ejercicios serían listas de palabras que empiecen por "ca", ordenar frases, denominación de objetos y sus funciones.
- Funciones ejecutivas: ejercicios de conservación de la lectura y escritura, razonamiento verbal, preservación del esquema corporal.
- Praxias: son las habilidades motoras adquiridas. Realizar dibujos, bien copiando de un modelo o bien de forma libre.
- Razonamiento: capacidad del individuo de dirigir intencionadamente el pensamiento para, a través de unas premisas, llegar a una conclusión plausible y coherente. Mejora con ejercicios que trabajen la capacidad de clasificar características de los objetos entre otros.


Existen escalas que permiten medir el deterioro de la persona y determinar si sus quejas son parte del deterioro propio del envejecimiento o asociado a una patología concreta. No obstante estas evaluaciones siempre deben realizarse por un profesional cualificado (neuropsicólogo) que planteará el programa de intervención adecuado a las necesidades y a las funciones cognitivas que se mantienen y su grado de conservación.



ESCALA DE DETERIORO GLOBAL:

GDS 1
Sin deterioro cognitivo/Normalidad.

• No hay quejas subjetivas de pérdida de memoria.
• No se objetivan déficit de memoria en la entrevista clínica.
GDS 2
Deterioro cognitivo muy leve/Olvido benigno senil.

• Hay quejas subjetivas de pérdida de memoria, más frecuentemente en las siguientes áreas:
a) Olvidos del lugar donde ha dejado objetos familiares.
b) Olvido de nombres familiares.
• No hay evidencia objetiva de déficit de memoria en la entrevista clínica.
• No hay déficit objetivo en el trabajo ni en situaciones sociales.
• Actitud apropiada respecto a su sintomatología.
GDS 3
Deterioro cognitivo leve/Compatible con enfermedad de Alzheimer incipiente.

• Primeros déficit claros. Manifestaciones en más de una de las siguientes áreas:
a) Se suele perder cuando viaja a lugares no conocidos.
b) Se evidencia su bajo rendimiento laboral.
c) Se hace evidente la pérdida de palabras y nombres.
d) Retiene relativamente poco material cuando lee un párrafo de un libro.
e) Demuestra una disminución en el recuerdo de nombres de personas que acaba de conocer.
f) Pierde o extravía objetos de valor.
g) En la exploración clínica se puede evidenciar un déficit de concentración.
• Evidencia objetiva de déficit de memoria que se pone de manifiesto en una entrevista exhaustiva.
• Disminución del rendimiento en las áreas laboral y social.
• Empieza a negar los déficit.
• Estos síntomas van acompañados de ansiedad leve o moderada.
GDS 4
Deterioro cognitivo moderado/Demencia leve.

• Déficit evidentes al realizar una cuidadosa historia clínica. Los déficit son manifiestos en las siguientes áreas:
a) Disminución en el conocimiento de acontecimientos actuales y recientes.
b) Puede presentar algún déficit en el recuerdo de su historia personal.
c) Déficit en la concentración, que se hace evidente en la sustracción de series.
d) Disminución en la capacidad para viajar, manejar las finanzas, etc.
• No suele haber déficit en las siguientes áreas:
a) Orientación en tiempo y persona.
b) Reconocimiento de personas y caras familiares.
c) Capacidad para desplazarse a lugares conocidos.
• Incapacidad para realizar tareas complejas.
• La negación es el principal mecanismo de defensa.
• La respuesta afectiva se aplana y el individuo se retrae ante situaciones de mayor exigencia.
GDS 5
Deterioro cognitivo moderadamente grave/Demencia moderada.

• El paciente ya no puede pasar sin algún tipo de ayuda.
• El paciente es incapaz de recordar detalles relevantes de su vida actual, por ejemplo su dirección o número de teléfono que tiene desde hace años, los nombres de parientes cercanos (p.ej. sus nietos), de su escuela, colegio, instituto o universidad en que se graduó.
• A menudo presenta desorientación temporal (fecha, día de la semana, estación…) o de lugar.
• Una persona con educación formal puede tener dificultad al contar hacia atrás desde 40 de 4 en 4 o desde 20 de 2 en 2.
• Las personas en este estadio se acuerdan de muchos datos importantes referentes a ellos mismos y a los demás.
• Invariablemente saben su propio nombre y el de su esposa e hijos.
• No requiere ayuda para el aseo ni para comer, pero puede tener alguna dificultad en elegir qué ropa ponerse.
GDS 6
Deterioro cognitivo grave/Demencia moderadamente grave.

• Puede olvidarse ocasionalmente del nombre de su esposo/a, de quien depende del todo.
• No será consciente de acontecimientos y experiencias recientes.
• Retiene algún recuerdo de su vida pasada, pero es poco preciso.
• Generalmente, no es consciente de su entorno, ni en el tiempo ni en el espacio.
• Tiene dificultad en contar de 10 hacia atrás y, a veces hacia delante.
• Requerirá asistencia en las actividades de la vida diaria, por ejemplo puede ser incontinente, precisará ayuda para desplazarse, pero ocasionalmente mostrará capacidad para trasladarse a lugares conocidos.
• Frecuente alteración del ritmo diurno.
• Con frecuencia distingue a las personas conocidas de las desconocidas.
• Casi siempre recuerda su propio nombre.
• Aparecen cambios emocionales y de la personalidad. Éstos son bastante variables e incluyen:
a) Conductas delirantes, como por ejemplo, los pacientes acusan a su esposo/a de ser un impostor, hablan con figuras imaginarias de su entorno, o con su propio reflejo en el espejo.
b) Síntomas obsesivos, como por ejemplo, la persona continuamente repite sencillas actividades de limpieza.
c) Síntomas de ansiedad, agitación e incluso de conducta violenta que no existía hasta entonces.
d) Abulia cognitiva, como por ejemplo, pérdida de fuerza de voluntad por no poder mantener la intencionalidad el tiempo suficiente para determinar cómo convertirla en acción.
GDS 7
Deterioro cognitivo muy severo/Demencia grave.

• En el curso de este estadio se perderán todas las habilidades verbales. Al principio de este estadio verbalizará palabras y frases muy concretas. Al final, no hay lenguaje sólo gruñidos.
• Incontinencia urinaria. Requiere asistencia para el aseo y la alimentación.
• A medida que avanza el estadio se pierden las habilidades motoras básicas, por ejemplo la capacidad para andar.
• El cerebro ya no parece capaz de decir al cuerpo lo que debe hacer. Aparecen a menudo signos y síntomas neurológicos generalizados y corticales.

Fuente: Reisberg B y cols. (1982). Modificada por Tárraga L. (1999).