viernes, 25 de julio de 2014

Pasos para modificar el comportamiento de un niño

(Basado en Garber y Garber, 1993)

1) Definir el problema.
2) Enfocar los problemas uno por uno (no intentar enfocar el conjunto).
3) Ser modesto (plantear pocas cosas y pequeños cambios, siendo realista).
4) Ser consecuente y constante (lo que se proponga debe cumplirse y debe hacerse de continuo).
5) Ser positivo (fomentar un funcionamiento adecuado y hacer énfasis en el desarrollo de las conductas correctas).
6) Hacer saber al niño en todo momento lo que se espera de él.

TÉCNICAS BÁSICAS DE LA EDUCACIÓN:
1) CÓMO ELOGIAR:
- Elogiar el comportamiento, no la personalidad.
- Usar elogios concretos. Es mucho más eficaz y más útil el elogio referido a la acción.
- Elogiar los adelantos, cualquier avance por pequeño que sea es un avance y hay que elogiarlo.
- Elogiar adecuadamente (entorno social con más gente).
- Elogiar inmediatamente (no demorarlo, sobretodo al principio del cambio).
- Combinar elogios con amor incondicional.

2) CÓMO IGNORAR:
- Decidir que es lo que se puede ignorar y hasta que punto se puede ignorar.
- No prestar atención al comportamiento (no tener interacción ninguna con el niño).
- Esperar siempre que los comportamientos empeoren antes de que mejoren.
- Reforzar las conductas deseables.
3) CÓMO USAR LA TÉCNICA DEL DISCO RAYADO:
- Consiste en repetir un enunciado como un disco rayado. Se usa cuando se ha dicho algo y se reitera porque no se quiere hacer razonadamente.
- Persistencia de acciones. Ante la primera demanda uno puede explicarle las acciones y los hechos ("ahora no es el momento de helado"), pero hay veces que la reiteración es absurda.

4) CÓMO RECOMPENSAR:
- Usar reforzadores positivos y siempre para favorecer un funcionamiento o una acción adecuada.
- Es importante saber que refuerzos necesita el niño e ir estudiando que recopensas resultan más efectivas.
- Variar las recompensas de vez en cuando.
- Cumplir siempre.
- Recordar que para establecer cualquier conducta efectiva se necesita tiempo.


viernes, 18 de julio de 2014

Claves para tener éxito como padres

Diez claves para tener éxito como padres (K. Kvols):

1 ) UTILIZAR MOMENTOS GENUINOS DE ENCUENTRO. En la relación padres-hijos va a ser significativo el hecho de que los primeros tengan dedicación a los hijos, momentos donde de verdad se relacionen, de interacción positiva (aunque sean momentos breves), pero dedicados especialmente a los hijos.

2) UTILIZAR LA ACCIÓN, NO LAS PALABRAS. En la educación de los hijos influyen tanto el modelo de conducta que constituyen los propios padres, lo que los hijos observan; como las palabras de los progenitores, las directrices que éstos dan a los hijos. Pero, aunque ambos elementos determinan, en definitiva, el funcionamiento de la familia, que va a ser lo que de verdad cale en el niño, en la concepcion que éste forme del mismo tendra más peso el primero, es decir, el comportamiento de sus progenitores.

Los padres deben decir lo que tiene y lo que no tiene que hacer el hijo, utilizar la acción y enseñarle cómo debe hacerlo, entrenarle. La palabra es un controlador "a distancia" y sólo puede ser control si es referente de múltiples procesos, no puede sustituir a la acción. Para que el niño haga caso a "Pablito, estate quieto", antes ha tenido que tener relaciones con otros casos donde el niño no ha estado quieto y ha tenido consecuencias.

3) DAR  A LOS NIÑOS MODOS APROPIADOS DE SENTIRSE PODEROSOS (IMPORTANTES). Los niños quieren llamar la atención para que se les tenga en cuenta, quieren sentirse importantes, y la aceptación de sus padres es uno de los reforzadores más demandados y de más valor para un niño.

4) UTILIZAR CONSECUENCIAS NATURALES. Hay que hacer ver cuando las consecuencias son positivas o negativas, pero la consecuencia siempre debe ser natural.

"Has roto el mando de la TV, mañana no te llevo al parque" no es natural. "Has estropeado el mando a distancia, pues ahora cada vez que queranos cambiar el canal te levantas tú" es natural y también podemos considerarla como una consecuencia lógica.

5) UTILIZAR CONSECUENCIAS LÓGICAS. Cosas que tengan que ver con la acción inadecuada, con el mismo tipo de funcionamiento. "Si no has hecho los deberes, esta tarde te quedas una hora más estudiando", dentro de la lógica puede ser natural.

6) RETIRARSE DEL CONFLICTO. Hay situaciones en las que permanecer en un conflicto no tiene sentido (cuando un niño se pone cabezota). Los conflictos artificiosos no sirven para nada y no debemos olvidar que somos adultos de una determinada edad ante un menor.

7) SEPARAR EL HECHO DE QUIÉN LO HACE. No se debe calificar al niño o incluirle en una categoria negativa por una conducta puntual inadecuada. El que un niño tenga, en un momento dado, un mal comportamiento no le convierte en un "niño malo". Si se le califica de tal, es posible que el auoconcepto del niño tienda a aproximarse a esa catalogación y a repoducir comportamientos que la confirmen.

8) SER AMABLE Y FIRME AL MISMO TIEMPO. Es importante, al evaluar una cosa positiva o negativa atender al modo en que se hace y evitar caer en el error de hacerlo de una manera inadecuda: gritando, zaraneando... El acto de la valoración negativa de una conducta no ha de hacerse usando malos modos. Uno puede exigir el cumplimiento de las normas de la mejor manera posible, siendo amable, pues con ello no se pierde firmeza.

9) SER PADRES CON EL FIN EN LA MENTE. Los padres tienen que saber cual es el objetivo que quieren para sus hijos.

10) SER CONSISTENTES. Actitud que debe predominar. Las normas deben mantenerse, estabecerse objetivos e intentar conseguirlos.

Algunos consejos para que los padres construyan una buena relación:

- Mantenerse en contacto. Debemos comunicarnos con nuestros hijos frecuentemente, incluso cuando todo marcha bien.

- Pasar tiempo juntos.  Nos ayudará a construir una buena relación y permitirá que ellos sepan que nos interesan.

- Cumplir las promesas. Esta es una parte importante a la hora de ganarnos su confianza y respeto. Si cumplimos con nuestras promesas, es muy probable que ellos cumplan con las suyas.

- Tratar a los adolescentes como tales. Si bien los adolescentes no son adultos aún, ya no son niños y no se los debe tratar como si lo fueran. No debemos emplear un tono condescendiente con los adolescentes. Debemos ser honestos con ellos. Afirmaciones como: “Eres demasiado joven para saber de eso” faltan el respeto a la capacidad de comprensión del adolescente.

- Ser considerados. Recuerda las fechas especiales. No es necesario que queden señaladas con un regalo o una actividad especial. Solo debemos asegurarnos de que los adolescentes sepan que nos hemos acordado. De vez en cuando, podemos darles a los adolescentes pequeñas sorpresas especiales. Podemos dejarles sobre la cama una nota que exprese cuánto los queremos. O podemos hacerles su comida favorita sin ningún motivo en especial.

- Reconocer los esfuerzos especiales. No debemos subestimar a nuestros hijos. Debemos elogiar sus esfuerzos especiales, por ejemplo, si les ha ido bien en un examen, si han practicado mucho para un juego o una actuación o si hayan sido particularmente amables con alguien.

- Decirles que los queremos. ¿con qué frecuencia nos tomamos tiempo para decírselo? Debemos decirles cuánto los queremos todos los días.

- Brindar apoyo.  Debemos escucharlos y brindarles comprensión.

- Evitar las burlas hirientes. A veces nos burlamos de las personas de formas que las menosprecian. Debemos evitar burlarnos de esta manera de nuestros hijos, especialmente frente a otras personas. Es muy hiriente.

- Usar el humor y divertirse. Podemos bromear con nuestros hijos y estar dispuestos a burlarnos de nosotros mismos a veces. Bromear un poco fomenta una relación positiva.

- Valorar los puntos fuertes. Debemos aceptar a nuestros hijos por lo que son. Afirmaciones como: “¿Por qué no puedes ser como tu hermano mayor?” o “Tu hermana nunca me dio tantos problemas” no ayudan a que mejore. Estos comentarios solo harán que se sienta mal. Debemos reconocer los puntos fuertes y asegurarnos de que nuestros hijos lo sepan.

- Dar participación a nuestros hijos en la fijación de límites y la creación de reglas. Como padres, debemos ayudar a nuestros hijos a imponer límites y a vivir bajo ciertas reglas. Podemos brindarles un rol activo en la decisión de cuáles son esos límites y reglas.

 - Ser auténticos. Por medio de una comunicación abierta y frecuente con nuestros adolescentes, podrán relacionarse con nosotros como personas que realmente se preocupan por su bienestar. También debemos ser educados. Simples detalles de cortesía, como decir “por favor” y “gracias” y ayudar en pequeñas cosas demuestran en buena medida cuánto los queremos. Los buenos modales básicos demuestran cariño y respeto. Y si demostramos respeto, lo obtendremos a cambio.

viernes, 11 de julio de 2014

Sobre la recaída (con la colaboración de la psicóloga especializada en adicciones Lucia Quintana)

El fenómeno de la recaída es consustancial al proceso de recuperación de las adicciones. No se trata sólo de apartar al adicto de la droga sino que el objetivo principal en los tratamientos de rehabilitación actuales por consumo de sustancias es la abstinencia. En la consecución de la misma pueden existir crisis o recaídas que deriven en consumos puntuales o en una conducta más sostenida en el tiempo. La vulnerabilidad a la recaída existe durante toda la vida del adicto y es un problema presente en todos los procesos de dependencia de drogas (Graña Gómez, J.L.: Conductas adictivas. Teoría, evaluación y tratamiento. Editorial Debate. 1998; Caballero Martínez, L.: Adicción a la cocaína: neurobiología, clínica, diagnóstico y tratamiento. Delegación del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, 2005).

Cuando se produce esta situación de fallo en el mantenimiento de la abstinencia, se observa que las pautas de consumo de sustancias no regresan a su nivel anterior, sino que la ingesta se ve incrementada e, incluso, las personas adictas pueden añadir el consumo de otras drogas que no existían en sus pautas con anterioridad. En esta nueva dinámica conductual se aprecian rasgos de compulsividad, la necesidad de experimentar emociones cada vez más extremas derivadas de un estado anhedónico y/o disfórico caracterizado por sentimientos de culpa, frustración, desesperación, desconcierto y ocasionalmente, autocompasión, ante el fallo en la consecución de la abstinencia, que terminan transformándose en pensamientos obsesivos al respecto. Se genera así una necesidad subjetiva, cada vez más acuciante, de necesitar otra vez la droga para desempeñar las actividades habituales de la rutina diaria, que supera incluso a la que secunda el establecimiento del trastorno por consumo de sustancias y se ofrece como una salida a los sentimientos negativos referidos con anterioridad.

La recaída en un consumo de sustancias psicoactivas (como podría ser la cocaína) es una entidad propia con una serie de características que la define. En ese instante la conducta volitiva de la persona se ciñe a la necesidad apremiante de satisfacer el deseo de consumo de drogas, sin valorar las consecuencias asociadas a sus actos con posterioridad. En la recaída existe una pérdida de control con respecto a la cantidad de droga ingerida, por lo que son probables episodios de intoxicación por sustancias en los que se aprecian alteraciones de la sensopercepción (alucinaciones, pseudoalucinaciones) y/o del contenido del pensamiento (delirios) que no se pueden explicar mejor por otro trastorno.

viernes, 4 de julio de 2014

Cocaetileno (con la colaboración de la psicólogo especializada en adicciones Lucía Quintana)

Las personas que consumen cocaína y alcohol presentan peculiaridades respecto a quienes sólo consumen cocaína (mayor percepción de control del consumo, percepción  de problemas con la cocaína pero no con el alcohol, incremento progresivo en las cantidades consumidas, ingesta de alcohol como detonante, aparición de conductas con rasgos antisociales tras el consumo, mayores consecuencias en todos los ámbitos de la persona). La ingesta de alcohol como detonante del craving (deseo de consumo de una sustancia psicoactiva) y conducta de búsqueda compulsiva de cocaína, influye en una mayor pérdida de control de consumo así como más problemas sociales y conductas de riesgo y antisociales. Ello es debido a la presencia de un metabolito denominado "cocaetileno", resultante del consumo simultáneo de alcohol y cocaína, que explica la mayor toxicidad y compulsividad de estos episodios. Las concentraciones de cocaetileno más significativas se observan cuando el alcohol se administra previamente a la cocaína.

La interacción alcohol-cocaína interfiere en el patrón de degradación tanto del alcohol como de la cocaína, incrementando el potencial tóxico de ambas sustancias. El uso/abuso de ambas sustancias se ha relacionado con déficits cognitivos en memoria, atención, orientación y asimetrias sensoriales. Además se han observado deterioros más marcados a medida que avanza el consumo, llegando a imposibilitar el adecuado funcionamiento del sujeto (Pastor, R., LLopis, J.J. & Baquero, A.: Interacciones y consecuencias del consumo combinado de alcohol y cocaína: una actualización sobre el cocaetileno. Adicciones, 2003, vol. 14, num. 2).

La dependencia de alcohol y cocaína consiste en un patrón desadaptativo que conlleva un malestar clínicamente significativo en el que existe la necesidad creciente de ingesta de estas sustancias para obtener la intoxicación o los mismos efectos, se ingiere la sustancia para aliviar o evitar los síntomas de abstinencia, se toma en períodos más largos de los pretendidos, se emplea mucho tiempo en la consecución de las sustancias y se continúa su ingesta a pesar de tener conciencia de problemas persistentes causados o exacerbados por este consumo. Este tipo de dependencia, unida a alteraciones del pensamiento y de la sensopercepción que interfieren en la capacidad de juicio, pueden mermar las capacidades de un sujeto para obrar de acuerdo a una lógica formal y ser determinantes a la hora de valorar el estado mental y las capacidades naturales de entender y obrar.

viernes, 20 de junio de 2014

Intervención escolar (profesores) e intervención psicomotriz en el déficit por atención con o sin hiperactividad (TDAH).

Es básico empezar recordando y dejar sentado que el niño hiperactivo no es un problema, tiene un problema. Por ello, debemos entender que no hace las cosas por fastidiar, con una finalidad especifica o por tocar las narices. Saben diferenciar perfectamente entre lo que está bien y lo que está mal, pero no son capaces de controlar su comportamiento.


Partiendo de esta concepción, entendemos que la intervención escolar debe consistir en adaptar el entorno académico para que facilite que el niño ejecute aquellas tareas que sabe hacer, pero que no puede realizar, tanto con la retirada de distractores como con la estructuración de las actividades.

En este sentido es útil el empleo de normas y rutinas, lo que permite a los niños una mejor organización. Por ejemplo:  para conseguir que preste atención o saque el material escolar de una vez en lugar de andar distrayendo al compañero u ocultándose bajo la silla, que el profesor prescriba hacer esto nada más empezar la clase y que utilice un temporizador, instando a los niños a tengan que tener todo preparado lo más rápido posible. Sentar al niño hiperactivo cerca del maestro, con niños que no se distraigan con facilidad y tocarle el hombro secuencialmente o establecer contacto visual para asegurarse de que su canal de atención sigue funcionando, son otras estrategias recomendables. Igualmente, es recomendable ir preguntando al niño si va comprendiendo las explicaciones o conceptos a aprender y tener  en la pizarra un guión de lo mismo para ir esquematizando la información y evitar que se pierda. Finalmente, ayuda el intentar canalizar la necesidad de movimientos del niño en favor de la marcha de la clase (repartiendo material a sus compañeros, trayendo cosas, borrando la pizarra, etc.).

Russel Barkley hace cinco recomendaciones que Mara Parellada recoge en su libro "TDAH, trastorno por déficit de atención e hiperactividad: de la infancia a la edad adulta" y que aquí recogemos por parecernos fundamentales a la hora de una intervención psicopedagógica:

1) Externalizar información importante (hacer la información externa y física). Esto es necesario por el problema que tienen estos niños con la memoria de trabajo: no pueden mantener en su mente imágenes, hechos, pasado. Por ello hay que hacerles visuales todas las claves que no pueden sostener en la cabeza, siempre en un entorno natural, tanto en el domicilio como en la escuela.

2) Externalizar periodos de tiempo relacionados con tareas. Esto quiere decir que dado que no tienen un manejo adecuado del tiempo hay que cosificarlo, hacerlo físico. Para ello, todo tipo de referencias temporales, incluyendo relojes, calendarios, metrónomos, son útiles.

3) Dividir futuras tareas en pasos pequeños. Como los niños hiperactivos tienen un sentido del futuro muy limitado debemos dividir esta perspectiva temporal en pequeños trozos. Para ello sirve cualquier estrategia que marque principios y finales a distintas partes de las tareas a realizar. Para conseguir que perseveren en una actividad, ésta tiene que ser presentada como si fueran varias. Es más fácil que hagan diez tareas en 30 minutos que una tarea de 30 minutos. También es necesario en un principio mantener tareas y resultados lo más cercanos en el tiempo posible, para luego irlos separando. Mientras no haya un sentido del tiempo adecuado hay que aproximar la tarea con la consecuencia.

4) Externalizar las fuentes de motivación, pese a haber alcanzado la edad en que la principal fuente de motivación va siendo interna. Para ello todas las estrategias de modificación de conducta, con refuerzos inmediatos, en los entornos de vida normaliza del niño, son útiles.

5) Permitir la manipulación externa de los componentes de las distintas tareas. Esto supone hacer los problemas lo más manuales posible. Es decir, externalizar el "juego" interno que nos permite a las personas sin TDAH regular nuestro comportamiento. Hacer la resolución de problems física, real, explícita. El tema es intentar manipular lo más físicamente posible los problemas, transformar los problemas mentales en problemas reales. 

Prevención de los problemas conductuales en la escuela. Sandra Rief, en su obra "Cómo tratar y enseñar al niño con problemas de atención e hiperactividad. Técnicas, estrategias e intervenciones para el tratamiento del TDA/TDAH", propone las siguiente pautas para prevenir problemas de conducta en niños hiperactivos:

- Expectativas de conducta claras, enseñando lo que es aceptable y lo que es inaceptable en el aula.
- Estructura y rutina.
- Predectibilidad y consistencia. 
- Práctica constante, modelado, revisión de las expectativas y reglas.
- Consecuencias claras y justas.
- Persistencia.
- Comprensión, flexibilidad y paciencia por parte del educador.
- Prevención de problemas de conducta.
- Ayuda individualizada y de persona a persona.

Intervención psicomotriz:
Es una técnica que, por intervención corporal, trata de potenciar, instaurar y/o reeducar, capacidades motoras, cognitivas y afectivas de la persona; es decir, incide en la globalidad del niño. La psicomotricidad se fundamenta en la neurología y la psicología. Como técnica de intervención se basa en:
1) Interdependencia entre aspectos psíquicos y motores.
2) El sujeto "se hace" en relación con el otro.
3) La interacción del sujeto con el medio es: regulación mutua y recíproca, representación y papel de los símbolos y el lenguaje.

Lo que conocemos como hiperactividad comprende actos motores, cognitivos y afectivos. Se trabaja sobre los siguientes contenidos:
- Conductas motrices de base: coordinación dinámica general, coordinación vasomotora y equilibrio.
- Conductas neuromotrices.
- Conductas percectivo- motrices.
- Esquema corporal: imagen mental de nuestro cuerpo, primero estática y después en movimiento, con sus segmentos, sus límites y su relación con el espacio y los objetos.
      - Etapas del esquema corporal: 
               1) Cuerpo vivido: 0-3 años.
               2) Cuerpo percibido: 3-7 años.
               3) Cuerpo representado: 7-12 años.
     - Elementos del esquema corporal: control tónico postural, coordinación y disociación psicomotriz, equilibrio, eje corporal, lateralidad y respiración y relajación.

- Esquema espacial: orientación, localización, organización.
- Esquema temporal: orientación, localización, organización. 

El psicomotricista cuenta con recursos como el movimiento, el masaje, la relajación o materiales polivalentes (la función es mantener la relación entre el psicomotricista y el niño). Los niños TDAH presentan límites corporales difuminados. movimientos por cuerpo vivido (por impulsos), dificultades en el aprendizaje y dispersión (no encadenan el pensamiento). Con la psicomotricidad se pretende que contengan primero el cuerpo y luego su movilidad.


viernes, 13 de junio de 2014

Comorbilidad del trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH)

Debe establecerse un diagnóstico diferencial entre: normalidad, hiperactividad situacional, comportamiento disocial (sobre todo por la impulsividad), trastorno emocional, tics o discinesias, trastornos generalizados del desarrollo, retraso mental, excesiva ansiedad o depresión (comórbida o causa), trastorno por estrés postraumático por algún evento anterior, trastornos específicos del aprendizaje (trastorno específico del lenguaje y capacidad intelectual límite entre 70-80), alto nivel de actividad, abuso, entorno familiar caótico (factor de riesgo, factor de confusión), trastorno de conducta (peor pronóstico, más comportamientos antisociales futuros, abuso de sustancias y violencia en edad adulta), trastorno bipolar o hipomanía, trastorno neurológico (epilepsia), trastornos médicos (tiroides, dieta, alergias, asma...).

Síntomas aislados como la inatención, pueden deberse a causas físicas: déficits auditivos, déficits visuales, problemas en el sueño, enfermedades crónicas, trastornos epilépticos, tics.

Síntomas asociados: comportamiento disocial, dificultad en las relaciones interpersonales, problemas familiares, historia de retrasos evolutivos, capacidad intelectual inferior a 100, falta de perseverancia, dificultad en el manejo del tiempo, desorganización, fracaso escolar, baja autoestima, inmadurez emocional, desobediencia, evolución a consumo de tóxicos, evolución a trastornos de personalidad...

Trastornos comóbidos (ambos trastornos se desarrollan a la par): trastorno de conducta, trastorno oposicionista-desafiante (9-10 años, enormemente provocadores en casa), depresión, trastorno bipolar o hipomanía, trastorno de ansiedad, trastorno del aprendizaje, retraso mental, síndrome de Gilles de la Tourette...

- TRASTORNO DE CONDUCTA O TRASTORNO DISOCIAL: se caracteriza por un patrón de comportamiento que viola los derechos básicos de otros, normas o reglas sociales importantes asociadas a la edad y/o presencia de agresividad. Entre los criterios diagnósticos podrían estar presentes la agresión a individuos y animales, destrucción de la propiedad, engaño o robo, violación seria de las reglas. El trastorno de conducta puede aparecer comorbido al TDAH desde el inicio del mismo o durante su evolución.

- TRASTORNO OPOSICIONISTA-DESAFIANTE: es frecuente el desarrollo de este trastorno junto con el TDAH. Se caracteriza por comportamientos y actitudes permanentemente desafiantes y oposicionistas.

- TRASTORNOS DE TICS (trastorno de Gilles de la Tourette, trastorno por tics motores o vocales crónicos y trastorno por tics transitorios): los tics son movimientos o producciones vocales bruscos, repetitivos y estereotipados. Los tics motores o vocales pueden ser simples o complejos. Por lo general, los tics simples son los primeros en aparecer.
- Tics motores simples: parpadeo, sacudidas de cabeza, gesticulaciones faciales.
- Tics vocales simples: tos, gruñidos, olfateo.
- Tics motores complejos: golperarse, saltar.
- Tics vocales complejos: coprolalia (uso de palabras soeces), palilalia (repetición de las propias palabras), ecolalia (repetición de palabras ajenas).

Puede aparecer comorbido al TDAH, aunque cuando se manifiestan ambos trastornos el TDAH suele preceder a los tics. También pueden aparecer tics como efecto secundario asociado al uso de la medicación.

- TRASTORNO DE ANSIEDAD: distimia, manía, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico o fobia o trastorno de ansiedad por separación (específico de la infancia).

- TRASTORNOS DEPRESIVOS: puede aparecer depresión como un síntoma aislado o como un trastorno depresivo. En niños prepúberes se puede presentar con síntomas somáticos, agitación, alucinaciones auditivas de una sola voz, trastornos de ansiedad y fobias. En adolescentes es común el abuso de sustancias, comportamiento antisocial, desasosiego, ausencias escolares injustificadas, dificultades escolares, promiscuidad, hipersensibilidad al rechazo, falta de higiene.

- TRASTORNO BIPOLAR: alteraciones crónicas en el estado de ánimo, alternando entre episodios de depresión y/o euforia (manía) que alternan con períodos de normalidad del estado de ánimo (eutimia).

- TRASTORNO DE INESTABILIDAD  EMOCIONAL DE LA PERSONALIDAD (personalidad borderline o límite): comparte muchos de los síntomas nucleares y asociados con el trastorno hiperactivo como son la impulsividad, la hiper-reactividad, la inestabilidad emocional...

- ABUSO DE DROGAS: es muy característico de la adolescencia y muy común el uso y abuso de drogas en individuos TDAH.

- TRASTORNO EN EL DESARROLLO DE LA COORDINACIÓN: problemas de coordinación sensoriomotora, torpeza motora, dificultades en la psicomotricidad fina, retraso en adquisición de habilidades psicomotrices...

viernes, 6 de junio de 2014

Tratamiento farmacológico del déficit por atención con o sin hiperactividad (TDAH).

TRATAMIENTO FARMACOLÓGICO:
ESTIMULANTES:
El metilfenidato bloquea la recaptación de catecolaminas (aumenta la dopamina en la hendidura sináptica). Mejora la atención, la memoria y el aprendizaje e inhibe la hiperactividad, impulsividad, agresividad y desobediencia. Tipos:
- Rubifren: se utiliza en niños y adolescentes de edades comprendidas entre 6 y 18 años, y sólo tras haber probado antes tratamientos que no incluyan medicamentos (terapia de comportamiento y asesoramiento). Se administra por vía oral, en comprimidos de 5, 10, 20 mg., es de acción corta (3-4 horas), 2-3 dosis al día, a veces tiene efecto rebote. No está indicado en niños menores de 6 años o en adultos.

- Concerta: se administra por vía oral en cápsulas de 18 y 36 mg., una vez al día, por la mañana, es de acción prolongada (12 horas). No está indicado en niños menores de 6 años o en adultos.

- Medikinet: se utiliza en niños y adolescentes de edades comprendidas entre 6 y 18 años.  Mejora la actividad de ciertas partes del cerebro que se encuentran con baja actividad, puede ayudar a mejorar la atención (nivel de atención), concentración y reducir el comportamiento impulsivo. Se administra por vía oral, en cápsulas duras de 10, 20, 30 y 40 mg., de libreación prolongada.

Los efectos secundarios más comúnmente reportados son pérdida de apetito, problemas para dormir, ansiedad, e irritabilidad. Algunos niños también reportan dolores de estómago o dolores de cabeza leves. La mayoría de los efectos secundarios son leves y desaparecen con el tiempo o si el nivel de la dosis se reduce.

ATOMOXETINA:
La atomoxetina se usa como parte de un programa de tratamiento total para aumentar la capacidad de prestar atención y reducir la impulsividad e hiperactividad en los niños y adultos con TDAH. Es un inhibidor potente y altamente selectivo del transportador pre-sináptico de la noradrenalina, una sustancia natural en el cerebro que es necesaria para controlar el comportamiento. (La atomoxetina no es un medicamento psicoestimulante y tampoco es un derivado anfetamínico). La presentación de atomoxetina es una cápsula para administración oral. Normalmente se toma ya sea una vez al día por la mañana, o dos veces por la mañana y al final de la tarde o en las primeras horas de la noche. Puede ser útil en niños con alto nivel de ansiedad y ante la presencia de tics. El nombre comercial es Strattera.
ANTIDEPRESIVOS:
No suelen ser el medicamento de elección. Se usan, a veces, sobre todo, para tratar a adultos. Los antidepresivos tricíclicos mejoran los síntomas y también la sintomatología ansioso-depresiva, al igual que los estimulantes afectan a los neurotransmisores de noradrenalina y dopamina. También se pueden usar IMAO (inhibidores de la monoamino oxidasa, que actúan sobre dos neurotransmisores, la serotonina y la norepinefrina) o ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina) pero sus efectos no son destacables si no hay presencia de sintomatología depresiva.

NEUROLÉPTICOS:
El uso de potentes antipsicóticos como Abilify y Risperdal para controlar a los niños que tienen trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) y otros problemas de la conducta ha aumentado considerablemente en los últimos años. Actúan reduciendo la hiperactividad, la impulsividad y la agresividad.

 ANTIHIPERTENSIVOS (CLONIDINA):
Reduce las conductas agresivas, hiperactivas e impulsivas, aunque no es eficaz con los problemas relativos a la atención. Impiden la liberación de noradrenalina, un neurotransmisor que aumenta la frecuencia cardíaca en momentos de alta activación. Mediante la inhibición de la liberación de norepinefrina, el medicamento puede ayudar a calmar a un niño hiperactivo. 

Criterios de utilización del tratamiento farmacológico:
- Sintomatología acusada.
- Fracaso terapéutico con otras terapias de intervención.
- Más eficaz en sintomatología hiperactiva-impulsiva.
- Seguir adecuadamente las pautas prescritas.
- Combinado con otros tratamientos es más efectivo (tratamiento psicológico, intervención con familias, etc.