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viernes, 13 de febrero de 2015

Sobre el trastorno límite de la personalidad

De entre todos los trastornos de la personalidad vamos a centrarnos en este post en el trastorno límite de la personalidad. El DSM-IV- TR establece como criterios diagnósticos un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, en la imagen de uno mismo y en la afectividad y una notable impulsividad, que comienzan a manifestarse al principio de la edad adulta y se refieren a diversos contextos, cumpliendo al menos cinco de los siguientes ítems: impulsividad en dos o más áreas potencialmente peligrosas para el sujeto (por ejemplo, gastos, sexo, conducción temeraria, abuso de sustancias psicoactivas, atracones, etc.); ira inapropiada e intensa o dificultades para controlarla; inestabilidad afectiva debida a una notable reactividad del estado de ánimo; ideas paranoides transitorias relacionadas con el estrés o síntomas disociativos graves; alteración de la identidad (imagen o sentido de sí mismo inestable de forma acusada o persistente); un patrón de relacione interpersonales inestables e intensas, caracterizado por alternar entre los extremos de idealización y devaluación y esfuerzos titánicos para evitar un abandono real o imaginario; amenazas y gestos o conductas suicidas recurrentes o comportamientos de automutilación, sensaciones crónicas de vacío.

Vicente E. Caballo ha caracterizado a quienes sufren trastorno límite de la personalidad con la expresión “fuego y hielo”, refiriéndose al hecho de que los sujetos con este patrón de comportamiento viven todas las situaciones con la mayor intensidad. Ciertamente, la inestabilidad de sus emociones describe a grandes rasgos al estilo límite. Tan pronto están en el cielo como, sin motivo aparente, en el infierno. Tan pronto están odiando a su pareja como amándola. Sus reacciones explosivas no tienen mucho que ver con los estímulos ambientales desencadenantes.

Respecto a los aspectos conductuales característicos del trastorno límite, se pueden señalar: niveles elevados de inconsistencia e irregularidad, impredecibilidad, patrones de apariencia cambiante y vacilante, niveles de energía inusuales provocados por explosiones inesperadas de impulsividad, provocación frecuente de peleas y conflictos, comportamientos recurrentes de automutilación o suicidio, conducta paradójica en sus relaciones interpersonales (a pesar de buscar la atención y el afecto lo hacen de un modo contrario y manipulativo, suscitando rechazo), relaciones interpersonales intensas y caóticas, excesiva dependencia de los demás, adaptación social a nivel superficial, predisposición a una soledad que les permite “reflexionar”, comportamientos dirigidos a protegerse de la separación, planteamiento de chantajes emocionales y realización de actos de irresponsabilidad (suicidio, juego patológico, abuso de sustancias psicoactivas, grandes atracones de comida).

Los aspectos cognitivos reflejan claramente el torbellino emocional que resulta de su mundo interno. Son característicos de este trastorno los pensamientos fluctuantes y las actitudes ambivalentes hacia los demás e incluso hacia sí mismo; la falta de propósitos para estabilizar sus actitudes o emociones; la incapacidad para mantener estables sus procesos de pensamiento; la dificultad para aprender de experiencias pasadas; la carencia de un sentido estable en relación a quiénes son; la posesión de imágenes de si mismo inestables y extremas; la experimentación de sensaciones crónicas de vacío, pensamientos anticipatorios de abandono; la inestabilidad en lo referente a sus valores y objetivos a largo plazo; el temor excesivo a que los desprecien, a la soledad; los pensamientos dicotómicos en sus relaciones interpersonales (consideran que las personas importantes de su entorno son muy buenas o muy malas, fluctúan con rapidez desde la idealización hasta la devaluación); una deficiente capacidad para procesar la información, a causa de sus problemas para centrar la atención; tendencia a culpar a los demás cuando las cosas les van mal; los autorreproches, autocastigos y autocríticas; el pensamiento rígido, inflexible e impulsivo; la baja tolerancia a la frustración; y, finalmente, antes situaciones de gran estrés, la tendencia a regresar a etapas anteriores del desarrollo cuando se ven en situaciones estresantes (los niveles de tolerancia a la ansiedad, el control de impulsos y la adaptación social se vuelven inmaduros) o el padecimiento de episodios micropsicóticos, con ideación paranoide transitoria, despersonalización, desrealización o síntomas disociativos.

Respecto a los aspectos emocionales, pueden experimentar una activación emocional extra elevada, siendo muy sensibles a los estímulos emocionales negativos, poseen una alta inestabilidad afectiva como resultado de una notable reactividad del estado de ánimo, experimentan emociones contradictorias, su equilibrio emocional se hallan constantemente en peligro; experimentan ira intensa, inapropiada y fácilmente desencadenada que implica una pérdida de control emocional, especialmente cuando se sienten frustrados o decepcionados; cuando pierden el control, muestran agitación y excitación física; su estado de ánimo no concuerda con la realidad; alberga sentimientos de vacío o aburrimiento, de vergüenza intensa, odio e ira dirigidos a sí mismos y presenta tendencia a inhibir respuestas emocionales negativas, especialmente las asociadas al dolor y las pérdidas, incluyendo tristeza, culpabilidad, vergüenza, ansiedad o pánico.

En lo que se refiere a los aspectos fisiológicos y médicos de este trastorno señalar las discapacidades físicas por autolesiones e intentos de suicidio fallidos, la inestabilidad en los patrones de vigilia- sueño, las reacciones fisiológicas reactivas al estado de ánimo, los problemas psicosomáticos en situaciones de estrés y, a veces, historia de trastornos neurológicos.

Es posible, además que este trastorno tenga impacto sobre el entorno del enfermo, materializado en conflictos frecuentes con su pareja, problemas en la escuela o en el trabajo por sus crisis emocionales, frecuentes pérdidas de trabajo, abandono de los estudios, rupturas matrimoniales, internamiento por sus automutilaciones o intentos de suicidio, relaciones interpersonales agitadas.

No es de extrañar, dadas las características de los sujetos límites que su tratamiento sea bastante complejo y frustrante en ocasiones. El tratamiento debe ser individual y adaptado a cada paciente, preferentemente combinando psicoterapia individual (entrenamiento en habilidades sociales, entrenamiento en solución de problemas, en formación de conceptos y manejo de la categorización, mejora de la eficacia interpersonal, técnicas de autocontrol, etc.), terapia grupal con formato psicoeducativo y tratamientos farmacológicos (antipsicóticos, antidepresivos, estabilizantes del estado de ánimo y anticonvulsivos y benzodicepinas).

viernes, 13 de junio de 2014

Comorbilidad del trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH)

Debe establecerse un diagnóstico diferencial entre: normalidad, hiperactividad situacional, comportamiento disocial (sobre todo por la impulsividad), trastorno emocional, tics o discinesias, trastornos generalizados del desarrollo, retraso mental, excesiva ansiedad o depresión (comórbida o causa), trastorno por estrés postraumático por algún evento anterior, trastornos específicos del aprendizaje (trastorno específico del lenguaje y capacidad intelectual límite entre 70-80), alto nivel de actividad, abuso, entorno familiar caótico (factor de riesgo, factor de confusión), trastorno de conducta (peor pronóstico, más comportamientos antisociales futuros, abuso de sustancias y violencia en edad adulta), trastorno bipolar o hipomanía, trastorno neurológico (epilepsia), trastornos médicos (tiroides, dieta, alergias, asma...).

Síntomas aislados como la inatención, pueden deberse a causas físicas: déficits auditivos, déficits visuales, problemas en el sueño, enfermedades crónicas, trastornos epilépticos, tics.

Síntomas asociados: comportamiento disocial, dificultad en las relaciones interpersonales, problemas familiares, historia de retrasos evolutivos, capacidad intelectual inferior a 100, falta de perseverancia, dificultad en el manejo del tiempo, desorganización, fracaso escolar, baja autoestima, inmadurez emocional, desobediencia, evolución a consumo de tóxicos, evolución a trastornos de personalidad...

Trastornos comóbidos (ambos trastornos se desarrollan a la par): trastorno de conducta, trastorno oposicionista-desafiante (9-10 años, enormemente provocadores en casa), depresión, trastorno bipolar o hipomanía, trastorno de ansiedad, trastorno del aprendizaje, retraso mental, síndrome de Gilles de la Tourette...

- TRASTORNO DE CONDUCTA O TRASTORNO DISOCIAL: se caracteriza por un patrón de comportamiento que viola los derechos básicos de otros, normas o reglas sociales importantes asociadas a la edad y/o presencia de agresividad. Entre los criterios diagnósticos podrían estar presentes la agresión a individuos y animales, destrucción de la propiedad, engaño o robo, violación seria de las reglas. El trastorno de conducta puede aparecer comorbido al TDAH desde el inicio del mismo o durante su evolución.

- TRASTORNO OPOSICIONISTA-DESAFIANTE: es frecuente el desarrollo de este trastorno junto con el TDAH. Se caracteriza por comportamientos y actitudes permanentemente desafiantes y oposicionistas.

- TRASTORNOS DE TICS (trastorno de Gilles de la Tourette, trastorno por tics motores o vocales crónicos y trastorno por tics transitorios): los tics son movimientos o producciones vocales bruscos, repetitivos y estereotipados. Los tics motores o vocales pueden ser simples o complejos. Por lo general, los tics simples son los primeros en aparecer.
- Tics motores simples: parpadeo, sacudidas de cabeza, gesticulaciones faciales.
- Tics vocales simples: tos, gruñidos, olfateo.
- Tics motores complejos: golperarse, saltar.
- Tics vocales complejos: coprolalia (uso de palabras soeces), palilalia (repetición de las propias palabras), ecolalia (repetición de palabras ajenas).

Puede aparecer comorbido al TDAH, aunque cuando se manifiestan ambos trastornos el TDAH suele preceder a los tics. También pueden aparecer tics como efecto secundario asociado al uso de la medicación.

- TRASTORNO DE ANSIEDAD: distimia, manía, trastorno de ansiedad generalizada, trastorno de pánico o fobia o trastorno de ansiedad por separación (específico de la infancia).

- TRASTORNOS DEPRESIVOS: puede aparecer depresión como un síntoma aislado o como un trastorno depresivo. En niños prepúberes se puede presentar con síntomas somáticos, agitación, alucinaciones auditivas de una sola voz, trastornos de ansiedad y fobias. En adolescentes es común el abuso de sustancias, comportamiento antisocial, desasosiego, ausencias escolares injustificadas, dificultades escolares, promiscuidad, hipersensibilidad al rechazo, falta de higiene.

- TRASTORNO BIPOLAR: alteraciones crónicas en el estado de ánimo, alternando entre episodios de depresión y/o euforia (manía) que alternan con períodos de normalidad del estado de ánimo (eutimia).

- TRASTORNO DE INESTABILIDAD  EMOCIONAL DE LA PERSONALIDAD (personalidad borderline o límite): comparte muchos de los síntomas nucleares y asociados con el trastorno hiperactivo como son la impulsividad, la hiper-reactividad, la inestabilidad emocional...

- ABUSO DE DROGAS: es muy característico de la adolescencia y muy común el uso y abuso de drogas en individuos TDAH.

- TRASTORNO EN EL DESARROLLO DE LA COORDINACIÓN: problemas de coordinación sensoriomotora, torpeza motora, dificultades en la psicomotricidad fina, retraso en adquisición de habilidades psicomotrices...