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viernes, 30 de enero de 2015

Sobre la anorexia nerviosa


Anorexia quiere decir, literalmente, “falta de apetito” y es un término habitual para designar un síntoma que aparece en muchos otros trastornos y enfermedades. Sin embargo, cuando hablamos de anorexia nerviosa nos referimos a un caso en que la persona, lejos de carecer de apetito, se comporta como un “organismo hambriento” (Bruch, 1973). No come, pero no deja de pensar en cuáles son los alimentos que debe ingerir para evitar estar gorda. Ahí radica precisamente su psicopatología: en el deseo irrefrenable de seguir adelgazando, incluso a pesar de que ya haya perdido gran porcentaje de peso.

Aunque en un principio, la anorexia nerviosa era considerada como un síndrome de base histérica o incluso como una forma de trastorno obsesivo-compulsivo, en la actualidad se le ha dado entidad propia e individualizada y se la considera una de las tres categorías de los trastornos de la conducta alimentaria. Otra de ellas es la bulimia nerviosa y respecto a la tercera no existe un criterio unificado, pues mientras la American Psychiatric Association (APA) en su clasificación DSM-IV agrupa el resto bajo la etiqueta “Trastorno de conducta no identificado”, la Organización Mundial de la Salud (OMS) en la CIE-10 otorga el tercer lugar en este triunvirato a lo que llama “hiperfagia”.
 
Las tres características fundamentales de la anorexia nerviosa son, a juicio de BRUCH, en primer lugar, la distorsión en la percepción que el enfermo tiene de su propia imagen corporal, siendo especialmente significativa la pérdida de la capacidad para hacerse cargo del progresivo aumento de su delgadez; en segundo lugar, una percepción distorsionada de los estímulos propioceptivos, es decir una imposibilidad para interpretar correctamente sus propias sensaciones; y, en tercer lugar, un sentimiento general de ineficacia personal, lo que significa que el enfermo llega a considerar que no es bueno para nada.

Podemos, sin embargo, sintetizar, diciendo que la anorexia nerviosa consistiría en un miedo intenso a engordar y una profunda insatisfacción de la persona con su cuerpo. Para los enfermos, el peso se constituye como una fuente de miedo y de perturbaciones para el desarrollo de su vida, una fobia, y sólo encuentran alivio para ello en una reducción del mismo cada vez mayor. Una dinámica en la que es habitual que se entre a raíz de la recepción de alguna crítica, directa o indirecta, referente a su masa corporal. A veces, simples comentarios del tipo “estás más gordita...”.

Y es que esta enfermedad afecta con preferencia a mujeres (alrededor del 95% de quienes la padecen lo son) y fundamentalmente a aquellas comprendidas en la franja de edad situada entre los 10 y los 30 años, aunque aquella en que se acumulan con preferencia los inicios del problema es la limitada entre las edades de 13 y 18 años. Asimismo, se ha de destacar que es más frecuente en individuos perteneciente a ámbitos de niveles socioeconómicos y culturales elevados.

En cualquier caso, las consecuencias son, a cualquier edad y dentro del segmento que sea, devastadoras. El enfermo experimenta alteraciones a todos los niveles. A nivel biológico, un desajuste del sistema hipotalámico y endocrino, que causa, en las mujeres postpuberales, amenorrea, es decir, la ausencia de ciclos menstruales. Pero los problemas físicos no acaban ahí. También se registran bradicardias, arritmias, hipotermia, fragilidad y caída del cabello, lanugo (pelusa o vello), piel seca y agrietada, hirsutismo (brote anormal de vello recio en lugares de la piel en que generalmente no hay), edemas (retención excesiva de líquidos), movimientos gástricos, estreñimiento, intolerancia al frío, letargia... Es decir el cuerpo, al ver limitada su fuente de energía, se despista y se debilita y desajusta... muchas veces de forma irreversible. En este sentido se pueden destacar, entre las huellas indelebles que puede llegar a dejar la enfermedad, la osteoporosis, fracturas óseas, cifosis (encorvadura de la columna vertebral) o el prolapso de la válvula mitral.

No obstante, hay circunstancias que pueden agravar el pronóstico y modificar la evolución de la enfermedad, como serían una larga duración del trastorno, muchos años de tratamiento, una edad de inicio precoz, el peso mínimo alcanzado y las relaciones familiares deterioradas (Treasure, 1991).

Otras veces, desgraciadamente, lo que se produce es el colapso total del organismo y, por consiguiente, la muerte del individuo, bien por inanición o por desequilibrios electrolíticos, bien a causa de la adquisición de alguna enfermedad de origen bacteriano, como la tuberculosis, que aparece de forma destacada en los escasos estudios existentes sobre las complicaciones físicas asociadas a mortalidad en enfermos de anorexia.

Pero no sólo a nivel biológico las cosas dejan de funcionar como solían. El propio individuo ofrece cambios notables en su comportamiento. Entre ellos han de contarse los relativos a los cambios en la ingesta de alimentos, pero también un aumento de su actividad física, con el objeto de aumentar, asimismo, el gasto energético y un deterioro en sus relaciones familiares y sociales, bien determinado por ese cambio en sus costumbres, bien por el rechazo que les producen las advertencias y críticas que les puedan dirigir los miembros que se encuentran en esos ámbitos. Suele ser un denominador común en estos pacientes, el retraimiento social. Se ha de destacar que en los enfermos de anorexia se detecta un estado de ánimo ansioso-irritable que, a medida que se agrava su cuadro clínico, se transforma en disforia (ánimo desagradable).

Finalmente a nivel psicológico, la cuestión suele complicarse, puesto que la anorexia nerviosa suele tener como compañeros estados depresivos (aunque no parece que estos sean resultado de aquella, sino que más bien se considera que predisponen y/o agravan la enfermedad de que tratamos); y también algunos tipos de trastornos de la personalidad (el 37% de los enfermos presenta el de personalidad límite, pero también son frecuentes los de personalidad evitativa, dependiente y compulsiva). Asimismo, presentan niveles de neuroticismo más elevados y de extraversión más bajos que la población normal. Unos trastornos que infaustamente, acaban, en ocasiones, conduciendo al suicidio, contribuyendo a la elevación de la tasa de mortalidad de estos enfermos, que llega a nada menos que el 10%.

No existe, por otra parte, una única teoría que revele la aparición de esta patología. Los psicólogos y psiquiatras han elaborado, cada uno desde su propia perspectiva y en función de su formación, diversas teorías. Pero, a pesar de sus pretensiones, ninguna escuela es capaz de explicar, por sí sola cuáles son los mecanismos que determinan o propenden al padecimiento de la enfermedad, si bien, su combinación si parece abarcarlos todos. Es decir, aunque ninguna teoría sea capaz de explicar todos los casos, casi todas contienen una parte de verdad y, por ello, es útil conocerlas, aunque sea grosso modo.

Las teorías biológicas plantean la anorexia nerviosa como una adicción a los opiáceos endógenos que aumentan en períodos de inanición o ejercicio intenso dando una sensación de euforia analgésica.

En las teorías psicodinámicas, la anorexia se ve como la expresión de un conflicto intrapsíquico a través de la vía oroalimenticia.

Entre las teorías sistémicas, destacan las elaboradas por dos corrientes. Dentro de la Escuela Estructuralista,  se habla de familias psicosomáticas, que se considera que tienden a apoyar la expresión somática de los conflictos.

Por su parte, MARA SELVINI, destacada representante de la Escuela de Milán que habla preferentemente de las enfermas de sexo femenino, considera que la anorexia nerviosa es resultado de la existencia de un cierto tipo de proceso en la historia de la organización de estas familias. Tendría que ver, desde su perspectiva, con la implicación de la enferma en el juego que se establece entre los papeles del padre y de la madre. En primer lugar se produciría durante la adolescencia, una modificación, de la percepción que la chica tiene de su madre, el desplazamiento de la atención de ésta hacia otra persona de la familia o una intensificación en la relación de seducción padre-hija. Luego, en un segundo estadio ésta opta por hacer dieta, bien para conseguir mayor atención de la madre o bien para desafiarla y seducir al padre. Finalmente, en una tercera fase, la hija, al verse traicionada por el padre experimentará un notable sentimiento de rencor, que la llevará a reducir su ingesta de alimentos al máximo, al tiempo que va descubriendo el poder que le da el síntoma.

Las teorías cognitivo- conductuales entienden la anorexia nerviosa como el resultado de un conjunto de circunstancias en la que los elementos ambientales reforzadores y los factores aversivos ansiógenos se combinan, produciendo el incremento de la conducta de no ingestión alimentaria. Entre sus esquemas explicativos podemos señalar los relativos a la restricción, referida al intento del sujeto de aminorar voluntariamente su ingesta de alimentos para mantener un peso determinado, señalándose, por otra parte, que la dieta o restricción, provoca episodios de voracidad. De hecho la bulimia nerviosa es mucho más probable cuando se está siguiendo una dieta.

Otros autores, como TORO y VILARDEL (1987) optan por una integración secuencial de los distintos factores que tienen que ver con la enfermedad. Distinguen entre:

- Factores predisponentes, en presencia de los cuales es más probable que pueda darse o precipitarse la enfermedad (factores genéticos, edad 13-20 años, sexo femenino, trastorno afectivo, introversión/ inestabilidad, obesidad, nivel socioeconómico medio-alto, familiares con trastorno afectivo, familiares con adicciones, familiares con trastornos en la ingesta, obesidad materna, valores estéticos dominantes);

- Factores precipitantes, aquellos que pueden desencadenarla (cambios corporales adolescentes, separaciones y pérdidas, rupturas conyugales del padre, contactos sexuales, incremento rápido de peso, críticas sobre el cuerpo, enfermedad adelgazante, traumatismo desfigurador, incremento de la actividad física, acontecimientos vitales);

 - Factores de mantenimiento, los que hacen que se continúe con la enfermedad (las propias consecuencias de la inanición, interacción familiar, aislamiento social, cogniciones anoréxicas, actividad física excesiva, yatrogenia).

En todo caso, la restricción alimentaria y la ingesta compulsiva o los comportamientos de purga (provocación de vómito, laxantes, diuréticos, enemas) pueden presentarse de forma combinada o independiente. De hecho se establecen dos subtipos a la hora de explicar los modos en que se manifiesta la enfermedad. En el bulímico o compulsivo purgativo, el individuo entra en una dinámica en que, a grandes atracones siguen indefectiblemente exhaustivas purgas, casos que suelen asociarse a sujetos, que presentan conductas impulsivas, reacciones distímicas, labilidad emocional, abuso de alcohol o consumo de otros tipos de drogas, una historia familiar de obesidad y sobrepeso premórbido.

En el restrictivo, en cambio, el asociado a  individuos que presentan más rasgos obsesivo-compulsivos, tendencia al perfeccionismo, rigidez de esquemas, hiperresponsabilidad y sentimientos de ineficacia, el enfermo pierde peso exclusivamente a través de dietas y ejercicios extenuantes.

 

viernes, 14 de noviembre de 2014

Alteraciones de la percepción

¿QUÉ SON LAS ALUCINACIONES?
Son percepciones caracterizadas por la ausencia de objeto o estímulo inductor de la percepción, es decir, percepciones sensoriales falsas. Se caracterizan principalmente por ser vivenciadan en el campo de la consciencia externa al sujeto (no quiere decir que no se puedan tener alucinaciones internas, sino que se cree que pertenecen al ambiente externo), hay convencimiento absoluto de realidad (diferencia con las pseudoalucinaciones, que pueden ser críticas), imposibilidad de ejercer un control voluntario, es independiente del grado de intensidad de la alucinación (es decir, existe o no existe).

Las alucinaciones psicosensoriales se tratan pues de percepciones, sin objeto real , cuyas características de nitidez y corporabilidad las aproximan a las percepciones sensoriales normales. Su caracter patológico viene dado por:
- No existe en el campo de conciencia un estímulo real que las provoque.
- En el sujeto, no hay duda sobre lo vivenciado (a diferencia de lo que ocurre con una percepción normal o una ilusión, en la que la persona puede dudar de su existencia).
- Es aceptada por el conocimiento como si fuera una imagen sensorial.

Las alucinaciones se pueden clasificar según su contenido (miedos, deseos, recuerdos, experiencias anteriores; contenidos culturales y/o religiosos; situaciones vitales especiales como reclusiñon o conflictos; contenido sexual; relacionadas con el contenido de delirios u otras patologías...), según su tipo o complejidad (simples o complejas) o según su modalidad sensorial ( auditivas, visuales, olfativas, gustativas, táctiles o hápticas y corporales: somáticas, sinestésicas, viscerales). A continuación vamos a enumerar más detalladamente las alucinaciones según la modalidad sensorial:
- ALUCINACIONES AUDITIVO-VERBALES: percepción falsa de un sonido, generalmente presentes en los trastornos psicóticos.
1) Acoasmas: son las alucinaciones auditivas más simples: ruidos, murmullos, pitidos...
2) Fonemas: palabras con significado.
3) Eco del pensamiento: oye sus propios pensamientos.
4) Eco de la lectura: oye la repetición de lo que se lee.
5) Alucinaciones imperativas, impositivas o de órdenes: las voces dan órdenes, como suicidarse o matar.

- ALUCINACIONES VISUALES: percepción falsa relacionada con el sentido de la vista.
1) Fotopsias o fotomas: son las alucinaciones visuales más simples, como destellos, luces... Proceden del campo externo.
2) Liliputienses o Gulliverinas (pequeñas/ gigantescas figuras humanas o animales): son alucinaciones complejas. Están presentes en alteraciones orgánicas cerebrales, delirium tremens o intoxicación por drogas alucinógenas.
3) Autoscopia: verse a si mismo como a un doble en el espejo.
4) Autoscopia negativa: no se ve al mirarse en el espejo.

- ALUCINACIONES TÁCTILES O HÁPTICAS:
1) Térmicas: percepción anormal extrema de calor o frío.
2) Hídricas: percepción de fluidos, de líquidos.
3) Parestesias: sensación de hormigueo.
4) Formicación: sensaciones de animales o insectos pequeños reptando por encima o por debajo de la piel.

- ALUCINACIONES OLFATIVO-GUSTATIVAS: las personas que las padecen dicen oler o percibir gustos, por lo general muy desagradables (podrido, excrementos, sustancias tóxicas). Se dan en la esquizofrenia paranoide.

- ALUCINACIONES CORPORALES:
1) Somáticas o viscerales: denominadas también Cenestésicas o Somestésicas, referidas al interior del cuerpo a alguna de sus partes. Sensación falsa de que algo le ocurre al organismo.
2) De movimiento o cinestésicas: percepción de movimiento de ciertas partes del cuerpo.

Nos gustaría mencionar otras dos alucinaciones que, por lo general, no son fenómenos patológicos y que incluso algunos hemos podido experimentar en un momento dado. Nos referimos a las ALUCINACIONES HIPNAGÓGICAS (son percepciones falsas que tienen lugar justo a la entrada del sueño) y las ALUCINACIONES HIPNOPÓMPICAS (percepciones falsas que ocurren justo a la salida del sueño).

Principalmente hay que diferenciar las alucinaciones de:
- PSEUDOALUCINACIONES: ausencia de convicción de realidad. Aparecen en situaciones con disminución de la conciencia o del estado de alerta (por ejemplo, alucinación de viudedaz: cree ver a su marido muerto).
1. No se relacionan con ninguna modalidad sensorial (visión, audición, tacto).
2. Suceden en la mente del enfermo y son difñiciles de separar de otros procesos delirantes.
3. Se vivencian como reales, como las alucinaciones, y la persona que las sufre no tiene sentido de lo absurso. Eso si, puede haber duda de lo vivenciado.

- DISTORSIONES PERCEPTIVAS: ILUSIONES PATOLÓGICAS: distorsiones en la interpretación de la percepción estimular real que es debida a la interferencia de otro proceso (sentimientos, pensamientos, imaginación). Se caracteriza por:
1. Presencia real del estímulo o el objeto.
2. Deformación de lo percibido.
3. Impresión de lo percibido.
4. Ausencia de convencimiento absoluto de realidad.

Si la percepción se ve alterada por los sentimientos hablaríamos de ILUSIONES CATATÍMICAS y si se ve alterada por la fantasía se trataría de ILUSIONES PAREIDÓLICAS.

- ALUCINACIONES FUNCIONALES: la aparición falsa del estímulo alucinatorio en función de un estímulo real externo de la misma modalidad sensorial, apareciendo y desapareciendo con él.

- ALUCINACIONES REFLEJAS: la aparición falsa del estímulo alucinatorio está en función de un estímulo real externo de distinta modalidad sensorial, apareciendo y desapareciendo con él.

- ALUCINACIÓN NEGATIVA: no percibe algo que si existe y actúa en consecuencia.

- ALUCINACIÓN EXTRACAMPINA: se percibe el estímulo en un campo perceptivo al que no se tiene acceso.

viernes, 3 de octubre de 2014

Nociones de Psicopatología

Para la comprensión de los trastornos mentales y llegar a diagnósticos precisos que nos permitan llevar a cabo tratamientos adecuados es necesario tener conocimientos de SEMIOLOGÍA: estudio de las alteraciones que pueden producirse en todos los procesos psicológicos básicos (atención, percepción, memoria, aprendizaje, orientaicón, etc) y psicológicos superiores (lebguaje, pensamiento, etc). Hay más procesos dentro de la semiología que no pueden clasificarse en básicos y superiores, como afectividad, motivación, inteligencia, sueño, sexualidad, alimentación...

La semiología o psicopatología de los procesos habla de SIGNOS y de SÍNTOMAS que hacen relaición a los procesos psicológicos. Muchos de ellos los encontraremos también en comportamientos normales, sin necesidad de ser etiquetados como patológicos. Es muy importante diferenciarlos:
- SÍNTOMA: manifestación o vivencia subjetiva que tiene un paciente acerca de las alteraciones que le están sucediendo. Por lo general son verbalizados.
- SIGNO: manifestación objetiva que el profesional observa en el paciente, generalmente está en relación a comportamientos, expresividad facial, resultados que podemos obtener cuando aplicamos pruebas complementarias...
- SÍNDROME: conjunto de signos y síntomas que conforman una determinada alteración o patología.

En semiología lo que se hace es dar nombre a los síntomas que el paciente nos va a referir verbalmente y a lo que nosotros mismos observamos y puede resumirse en grandes bloques como serían:
1) Psicopatología de la conciencia.
2) Psicopatología de la atención y la orientación.
3) Psicopatología de la memoria.
4) Psicopatología de la percepción.
5) Psicopatología del pensamiento y el lenguaje.
6) Psicopatología de la afectividad.
7) Psicopatología de la motricidad.
8) Psicopatología del sueño.
9) Psicopatología de la conducta sexual.
10) Psicopatología de la conducta agresiva.
11) Psicopatología de la alimentación.
12) Psicopatología de la inteligencia.

Cuando un profesional se dedica a detectar las posibles alteraciones de cada uno de los procesos psicológicos, se dice que está explorando psicopatológicamente al paciente. Cuando tenemos la exploración psicopatológica unida a la entrevista clínica y tenemos los datos de las pruebas complementarias ya podríamos realizar un diagnóstico. Generalmente, las pruebas complementarias se administraran cuando hay dudas o para conseguir recabar más información acerca de las hipótesis clínicas que nos hemos planteado con la entrevista y la exploración.